Tertulia Lunática de Julio Herrera y Reissig: rima, métrica y recursos estilísticos

Clasificado en Lengua y literatura

Escrito el en español con un tamaño de 2,5 KB

Julio Herrera y Reissig — Tertulia Lunática

En el verso 16 podemos leer una metáfora con la que se afirma que «el progreso» es «erupción»; y en el verso 47 se compara al aún inmaduro y sorprendido pueblo, víctima de Estados Unidos, con muchos cachorros de león.

Estructura de la obra

La Tertulia Lunática consta de siete partes señaladas con numeración romana, compuestas, las primeras cinco, por un número variable de estrofas de diez versos que decrece proporcionalmente; las dos últimas partes incrementan el número de estrofas en correlación —también temática— con la parte IV y la parte III, respectivamente.

  • Parte I: once estrofas
  • Parte II: ocho estrofas
  • Parte III: seis estrofas
  • Parte IV: cinco estrofas
  • Parte V: tres estrofas
  • Parte VI: cinco estrofas
  • Parte VII: seis estrofas

La rima de la décima y la pausa

La rima de la décima, tal como la utiliza, presenta la siguiente estructura: ABBAACCDDC, con la particularidad de que, a pesar de la rima que establece el enlace con la primera redondilla, entre el cuarto verso y el quinto de cada décima hay siempre una pausa de sentido, que suele destacarse con tres puntos suspensivos (el crítico, decía, debe interpretar los puntos suspensivos de las abstracciones y de los vuelos vagos que encierra).

El efecto entre esa pausa gramatical y su transición acústica es esencial al escandido del poema y su encadenamiento sucesivo: la continuidad musical de escenas mentales entrecortadas. La rima entre el primer y el cuarto verso es siempre, además, la última palabra completa, lo que genera un juego de duplicados semánticos (asociaciones simbólicas de facsímiles, como en uno de los versos) que favorece también la rotación especular de las alucinaciones y los momentos contemplativos, rematados, por lo general, con estilo epigramático.

Efecto estilístico y tono

Se establece una monotonía en el vértigo, una regularidad estricta en un delirio de dispersión sin resolver. Tampoco en la última estrofa, en la que el poeta se somete finalmente al degüello de la muerte —musa, mujer sin cesar metamorfoseada— que lo asedia:

Hielo mi cuello en el tajo / De tu traición…

El sacrificio, sin embargo, se desahoga en una última escena de resucitación bizarra: después de muerto, dice, su galante calavera irá a morderle las entrañas a esa antropófaga.

Entradas relacionadas: