La Transformación del Pensamiento en el Renacimiento y el Legado de la Antigüedad Clásica

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El Hombre del Renacimiento y el Retorno a los Clásicos

El Renacimiento se caracteriza por la antigüedad clásica. Este volver a la antigüedad clásica, este renacer de aquel mundo pasado, no se limita a la admiración por una determinada forma de arte o por unas bellezas literarias que se estimaban superiores, sino que tiene un alcance de mucha mayor profundidad. Lo que el hombre renacentista busca en el mundo antiguo es un nuevo concepto de la vida, una distinta estimación del hombre que le hace contemplarse a sí mismo de acuerdo con una nueva escala de valores.

Del Teocentrismo al Antropocentrismo

Mientras el hombre del Medievo había situado a Dios en el centro de su universo y considerado la existencia terrena como una estación de paso para conquistar la vida eterna, el hombre del Renacimiento cambia los valores y se coloca en el centro de un mundo que considera digno de ser vivido por sí mismo. La tierra ya no es el «valle de lágrimas» del hombre cristiano medieval, sino un lugar de goce; la inteligencia no es una débil lucecilla que nada vale sin la Revelación, sino un potente faro que puede descubrir todos los misterios; el cuerpo no es el mal, sino una fuente de placer que justifica y hace hermoso vivir.

El descubrimiento de la Antigüedad entrañaba la plena revelación del hombre con sus instintos y su razón omnipotente, así como de la vida material con sus placeres y bellezas, porque el mundo de la Antigüedad descansaba precisamente sobre esta concepción antropocéntrica y materialista, sin dogmas ni vida de ultratumba, en la que el hombre y su razón constituyen la medida de todas las cosas.

Causas y Estímulos del Orgullo Humanista

Una serie de causas materiales impulsó este orgullo humanista:

  • La invención de la imprenta, que facilitó la difusión del saber.
  • El aumento de la riqueza, nacida de la creciente pujanza del comercio.
  • El descubrimiento de América, que abrió nuevos horizontes.

La Plenitud de la Nueva Edad

Movido por estos estímulos, el hombre del Renacimiento investigó la naturaleza, realizó grandes avances en ciencia, creó maravillosas obras de arte, trató de hacer el mundo confortable y bello y se lanzó a vivir con una furia incontenible. Ninguna otra época en la historia ha ofrecido un ejemplo de plenitud, de energía, de audacia creadora y de anhelo de vivir como el que dieron los hombres de aquel tiempo. Un famoso humanista escribió «juvat vivere»: es hermoso vivir. Este es el lema de la nueva edad.

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