Transición de la Dictadura Militar a la Segunda República Española

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La Dictadura de Primo de Rivera y la Caída de la Monarquía

Entre 1922 y 1923, España estaba sumida en una crisis profunda. La monarquía de Alfonso XIII había perdido legitimidad, los partidos del sistema parlamentario estaban desprestigiados y la situación en Marruecos, especialmente tras el Desastre de Annual en 1921, había generado una gran indignación.

En este contexto, el 13 de septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado en Barcelona con el consentimiento del rey. Así comenzó una dictadura militar que se presentaba como algo provisional, pero que duró hasta 1930.

El Directorio Militar (1923-1925)

El régimen de Primo de Rivera tuvo dos etapas fundamentales:

  • El Directorio Militar: Durante este periodo se suprimieron las libertades constitucionales, se disolvieron las Cortes y se prohibieron partidos y sindicatos, especialmente los de carácter nacionalista.

Se justificó como una solución temporal para "limpiar" el sistema. Durante esos años, se consiguió cierta estabilidad y, sobre todo, una victoria militar decisiva en Marruecos con el desembarco de Alhucemas en 1925, que logró cerrar un conflicto bélico sumamente prolongado.

El Directorio Civil (1925-1930)

Tras el éxito militar, se pasó al Directorio Civil, etapa en la que se intentó institucionalizar la dictadura. Entre sus principales características destacan:

  • Creación de la Asamblea Nacional Consultiva (sin recuperar un sistema parlamentario real).
  • Impulso de grandes obras públicas e infraestructuras.
  • Fomento de una economía nacional fuerte.
  • Implementación de un modelo de relaciones laborales basado en comités paritarios entre empresarios y trabajadores.

Aun así, el régimen no realizó reformas fiscales profundas y el gasto público aumentó de forma considerable, debilitando la estabilidad económica a largo plazo.

El Colapso del Régimen y el Camino a la República

A partir de 1926, el apoyo al régimen empezó a desmoronarse. Primo de Rivera perdió progresivamente la confianza del ejército, de los intelectuales, de la oposición política y, finalmente, del propio monarca. El malestar social crecía y la estructura de la dictadura ya no resultaba sostenible.

En enero de 1930, Primo de Rivera presentó su dimisión y partió al exilio. Alfonso XIII intentó restaurar el orden constitucional y mantener la monarquía a través del general Berenguer, pero el descontento era irreversible. La oposición se unió firmemente en el Pacto de San Sebastián, preparando el terreno para el fin de la monarquía y la proclamación de la Segunda República.

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