El Triunfo del Capitalismo Industrial: La Segunda Revolución Industrial (1880-1914)

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El triunfo del capitalismo industrial

La Segunda Revolución Industrial (1880-1914)

A partir del último tercio del siglo XIX, aparecieron nuevas fuentes de energía. La invención de la dinamo industrial (1869) permitió producir electricidad, mientras que el alternador y el transformador (1897) hicieron posible el traslado de la corriente eléctrica.

La electricidad logró múltiples aplicaciones en:

  • La industria
  • Los transportes
  • Los sistemas de comunicación
  • El ocio
  • La iluminación

El petróleo comenzó a extraerse en EE. UU. a mediados del siglo XIX y la invención del motor de explosión posibilitó su utilización como combustible para los automóviles (1885).

En esta etapa se desarrollaron nuevos sectores industriales: la química, la metalurgia, la fabricación de automóviles, la aeronáutica y las industrias tradicionales, como el textil y la siderurgia.

Gran parte del salto tecnológico de finales del siglo XIX se debió a la unión de la investigación científica y la industria. Los descubrimientos científicos se aplicaron a técnicas e instrumentos como la bombilla, el aspirador y el teléfono.

Una nueva organización de la producción

Destacan los modelos del taylorismo y el fordismo.

La banca y la concentración empresarial

Las elevadas inversiones de capital estimularon la relación entre banca e industria, convirtiéndose los bancos en los principales financiadores del proceso industrial.

Por otro lado, se produjo una progresiva concentración industrial, haciendo que las empresas fueran cada vez más grandes. Mediante acuerdos entre ellas, nacieron figuras como:

  • El cartel
  • El trust
  • El holding
  • El monopolio (derecho exclusivo de una empresa a comercializar un producto)

El dominio del comercio y las finanzas internacionales

Europa realizaba la mitad de las exportaciones del mundo y tres cuartas partes de las importaciones. Controlaba las rutas marítimas, los grandes puertos comerciales y disponía de grandes flotas y bolsas de comercio.

El aumento del volumen comercial fue posible gracias a los progresos del transporte. Asimismo, Europa y, más tarde, EE. UU., ejercieron el control financiero del mundo. Invertían en tierras, industrias o medios de transporte, proporcionando estas inversiones grandes intereses o beneficios a los bancos.

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