El universo grabado de Goya: Caprichos, Desastres y Disparates

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El universo grabado de Francisco de Goya y su legado

Francisco de Goya es considerado uno de los más grandes grabadores de la historia, destacándose por su constante experimentación con técnicas y procedimientos. Su interés por la difusión de las artes en Europa, impulsado por Carlos III, lo llevó a realizar copias de los cuadros de Velázquez en 1778 como parte de un proyecto de grabadores de "reproducción".

Las grandes series de grabados de Goya

La obra gráfica de Goya se articula en varias series temáticas que exploran desde la crítica social hasta los horrores de la guerra y las profundidades del subconsciente.

Los Caprichos (1797-1799)

Es la primera serie de estampas concebida como una obra cerrada, con una clara intención crítica y aleccionadora. Goya utilizó la técnica del aguafuerte y la aguatinta, una innovación relativamente nueva que le permitió crear efectos de fondos sobrios y siluetas recortadas con gran intensidad. Los grabados no eran encargos, sino más bien un diario íntimo de sus pensamientos y preocupaciones. Sin embargo, la serie fue retirada tras ser denunciada a la Inquisición, aunque Goya logró salvar los originales entregándolos al Rey.

Los Desastres de la Guerra (1810)

Considerada la serie más dramática de Goya, refleja su visión de la violencia, el hambre y la destrucción durante la Guerra de la Independencia. En estos grabados, el artista no toma partido por ningún bando, sino que muestra la desolación y el sufrimiento de ambos lados, convirtiéndose en un fuerte alegato antibelicista.

La Tauromaquia

Esta serie representa un paréntesis entre el dramatismo de Los Desastres de la Guerra y Los Disparates. En ella, Goya muestra la tradición taurina con una perspectiva más neutral, centrada en la espectacularidad y el ritual de las corridas.

Los Proverbios o Disparates (1819-1823)

Es la serie más compleja y difícil de interpretar. Estas estampas, cargadas de un carácter onírico y absurdo, muestran la visión de Goya sobre la existencia humana, a menudo como un mal sueño o pesadilla. En ellas aparecen seres deformes y monstruosos, a menudo con múltiples caras, que reflejan lo absurdo de la existencia.

Últimos años en Burdeos: Un precursor del Impresionismo

Tras solicitar a Fernando VII permiso para viajar a Francia, Goya se instala en Burdeos. A pesar de su avanzada edad y su situación económica acomodada, continúa trabajando sin descanso. Durante este tiempo, estudia la litografía y no abandona la pintura al óleo, realizando varios retratos, entre los que destaca La lechera de Burdeos. En este cuadro, Goya retoma el colorido y el efecto lumínico, creando una atmósfera vibrante con pequeñas pinceladas inquietas. Por sus características, esta obra anticipa el Impresionismo.

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