Valle-Inclán, Azorín y la novela novecentista: modernismo, esperpento y perspectivismo en la literatura española
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Valle-Inclán (1866–1936)
Dos estilos: modernismo y esperpento. Primera etapa.
Los años marcados por la tendencia modernista están representados por las cuatro "Sonatas", subtituladas «Memorias del Marqués de Bradomín»: Sonata de otoño (1902), Sonata de Estío (1905), Sonata de Primavera (1904) y Sonata de invierno (1905); también está la trilogía de La guerra carlista (1908/1909), que narra episodios de la última guerra carlista de España.
Una de las mejores novelas de la primera mitad del siglo XX es Tirano Banderas (1926). Por último, las tres novelas del Ruedo ibérico (1927–1932) reflejan la historia y la vida de nuestro país desde el reinado de Isabel II hasta el desastre del 98.
Azorín (José Martínez Ruiz)
En las novelas de Azorín la narración se fragmenta en instantáneas que congelan el tiempo y captan la impresión del instante. Ejemplo de novela impresionista son La voluntad y Confesiones de un pequeño filósofo, donde se describe minuciosamente el ambiente y la sensibilidad de los personajes.
Novela novecentista (Generación del 14)
Los principales autores serán Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró. Gran influencia tendrá la figura de Ramón Gómez de la Serna. Todos estos autores suponen una superación de los patrones o esquemas narrativos anteriores, destacando aspectos como:
- Lirismo (Gabriel Miró).
- Ironía o el humor (Ramón Gómez de la Serna, Wenceslao Fernández Flórez).
- Intelectualismo (Ramón Pérez de Ayala).
Gabriel Miró
Destacan sus obras Nuestro Padre San Daniel (1921) y El obispo leproso (1926), que forman un bloque. Transcurren en Oleza (trasunto de Orihuela), representación de un mundo nebuloso, casi desaparecido, que el autor pretende rescatar.
Ramón Pérez de Ayala (1888–1962)
Sus primeras cuatro novelas —Tinieblas en las cumbres (1907), A.M.D.G. (1910), La pata de la raposa (1912) y Troteras y danzaderas (1913)— tienen un marcado carácter autobiográfico. Relatan la crisis de conciencia individual.
En los años veinte escribe novelas intelectuales como Belarmino y Apolonio (1921), Tigre Juan y El curandero de su honra (1926). Lo importante de estas novelas no son tanto las tramas, sino las reflexiones diversas que las acercan al ensayo. Predomina el tono reflexivo, la ironía y, en cuanto a la técnica, el perspectivismo.