Vanguardias Hispánicas: Del Ultraísmo y Creacionismo al Surrealismo
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Las Vanguardias Hispánicas (1918-1927)
Las vanguardias hispánicas se abrieron paso en una segunda etapa fundamental (1918-1927):
- Ultraísmo: Fue un movimiento español efímero. Desde su nombre, "ultra", se manifestó el deseo de ir "más allá" del Novecentismo imperante. Abrazó la temática futurista y las disposiciones tipográficas propias del cubismo, al modo de los caligramas. Su promotor fue Guillermo de la Torre (Hélices, 1923), destacando también la figura de Jorge Luis Borges.
- Creacionismo: Surgió en París de la mano del chileno Vicente Huidobro y de Pierre Reverdy. En 1918, llegó a España con la pretensión de crear un arte que no imitara ni tradujera la realidad: "Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol". El español Juan Larrea fue uno de sus seguidores, junto a Gerardo Diego.
Estos dos movimientos abrieron en España el camino hacia el surrealismo.
El Surrealismo (1927-1936)
Este periodo supuso un cambio radical en la concepción del arte y del artista. Surgió buscando ser una revolución integral y una liberación total del ser humano.
Características principales
- La poesía como instrumento: Se utilizó para liberar el poder creador mediante técnicas como la escritura automática o la ensamblación fortuita de palabras para plasmar la "superrealidad".
- Exploración del subconsciente: Se plasmaron los sueños y se transmitieron experiencias extrarracionales, recurriendo en ocasiones al mundo de las drogas.
- Carga humana: Se buscó la liberación del lenguaje, pero con una densa carga humana, intentando despertar reacciones y emociones. Se alejó del intelectualismo para conectar con el yo más íntimo y reprimido.
El Surrealismo en el contexto español
España fue uno de los países donde este movimiento tuvo mayor repercusión, en gran parte gracias a Juan Larrea, quien influyó directamente en varios poetas del 27. Asimismo, Salvador Dalí y Luis Buñuel fueron claves para su desarrollo.
Sin embargo, el surrealismo español no fue ortodoxo: aunque hubo una liberación de la imagen desatada de bases lógicas, no se llegó a los extremos de la pura creación inconsciente.
Legado y disolución
Destacan obras fundamentales como Poeta en Nueva York (1929-1930) de Lorca y Sobre los ángeles (1929) de Alberti. En ellas se percibe la rehumanización de las vanguardias, constatando que el grupo del 27 se enriqueció asimilando originalmente los diversos movimientos, especialmente el surrealismo.
La disolución del vanguardismo se produjo a partir de 1930, cuando comenzó a constatarse un giro hacia una literatura comprometida, alejándose definitivamente del concepto de "arte puro".