Velázquez y Murillo: Maestros del Realismo Barroco Español y la Evolución de la Pintura del Siglo de Oro
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El Realismo Barroco Español: Velázquez y Murillo
Diego Rodríguez de Silva Velázquez (1599-1660)
Diego Rodríguez de Silva Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660) está considerado como el genio más grande del arte español. Fue un supremo retratista que abarcó todos los géneros: el cuadro religioso, la fábula mitológica, el bodegón y el paisaje. En sus obras capta la naturaleza, la luz y el movimiento, interpretándolo con equilibrio y serenidad. Fue nombrado pintor de cámara del rey.
Viajes a Italia e Influencia
Velázquez realizó dos viajes a Italia: el primero, de estudios, en 1629; el segundo, veinte años después, para comprar estatuas clásicas y pinturas modernas para la colección real. Con estos viajes se puso en contacto con los grandes pintores italianos, cuya influencia se manifestará en muchas de sus obras. Entre las obras más destacadas relacionadas con estos viajes se encuentran La fragua de Vulcano, El retrato de Inocencio X y la Venus del Espejo.
Evolución Estilística: Dos Épocas
Su estilo evoluciona, pudiendo advertirse dos épocas principales que coinciden con su etapa sevillana, de juventud y formación, y la posterior madrileña, de absoluta madurez.
1. Periodo Sevillano (Juventud)
Este periodo está impregnado del tenebrismo caravaggiesco. Se especializó en interiores de cocinas con representaciones de almuerzos y conciertos musicales, sobresaliendo La vieja friendo huevos y El aguador de Sevilla. Algunas de estas obras tienen connotaciones religiosas, como Marta y María y La mulata.
2. Periodo Madrileño (Madurez)
Tras regresar de Italia, se advierte un cambio de rumbo en su estilo, que ya había apuntado en Los borrachos. Velázquez descubre que la luz, aparte de iluminar, le permite también captar el aire interpuesto entre las figuras y los objetos; las formas pierden así precisión, pero los colores ganan en intensidad, comenzando a utilizar una gama de grises plateados. Por otro lado, la pincelada se va haciendo fluida y espontánea, lo que lo convierte en un adelantado de la técnica impresionista, como se observa en la pareja de paisajes que reproducen vistas del jardín de la Villa Medici, pintados al aire libre.
Todas estas experiencias se concretan en la galería de retratos de los diferentes miembros de la familia real, del Duque de Olivares, de artistas y militares. Entre las obras más destacadas de su madurez podemos mencionar Las lanzas o la Rendición de Breda, La familia de Felipe IV o Las Meninas, y Las Hilanderas. Entre sus composiciones religiosas destaca El Crucificado.
Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682)
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682) pertenece a la generación siguiente a Velázquez. Renunció a la Corte y no visitó Italia, por lo que tuvo que ganarse la vida vendiendo sus obras, al no tener un sueldo fijo de la Administración. Huérfano de padre y madre, quedó pronto viudo y vio morir a seis de sus nueve hijos. Mitigó la soledad con la enseñanza del dibujo en la Academia del Arte de la Pintura, que fundó en 1660.
La sociedad admiró sus creaciones iconográficas, caracterizadas por la belleza de sus Purísimas, la ternura de sus Niños Jesús y la delicadeza de sus Maternidades.
Los Tres Periodos Estilísticos de Murillo
Periodo Frío (Juvenil)
Corresponde a su etapa juvenil, influida por Zurbarán y caracterizada por contrastes de luz, dibujo preciso y pincelada lisa. De esta etapa es la Sagrada Familia del pajarito, donde desdramatiza los sentimientos religiosos.
Periodo Cálido
Iniciado en 1656 con el San Antonio. Comienza a pintar cuadros gigantes, con efectos de contraluz venecianos. El tenebrismo desaparece, la pincelada es suelta y los colores son brillantes.
Periodo Vaporoso
En sus últimos años, utiliza colores transparentes y difuminados. De 1669 son los grandes cuadros San Francisco abrazado al Crucificado y La adoración de los pastores. Hasta su muerte concentró su obra en visiones de la Inmaculada Concepción, vestida de celeste y blanco, con un trono de ángeles a los pies, y en representaciones infantiles como El Buen Pastor y el de los Muchachos comiendo empanada.