La venganza de la vaca

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La diosa se sinceraría ante el mortal contándole quién era; le pediría como condición su silencio pero Anquises, eufórico, contaría el hecho con arrogancia. Al enterarse de lo sucedido, Júpiter lanzaría su mortífera arma contra él, pero el potente rayo fue desviado, aunque hirió al mortal en una pierna, y lo dejó cojo para siempre. Eneas -el hijo de Venus- se casaría con Creusa, hija de su primo, Priamo, rey de Troya. Recordemos que la ciudad caería, víctima de las malas artes de los griegos. Estos, ante la imposibilidad de franquear las murallas de Troya, decidieron que vencerían a los arrogantes troyanos aunque fuera de forma desleal. Así construyeron el descomunal caballo y se lo ofrecieron al rey, que creyó que los griegos habían abandonado sus costas y decidíó ofrecerlo como presente en el templo, sin escuchar las voces de alarma. En su interior los griegos asistían al espectáculo conteniendo su respiración, aunque se frotaban las manos por la inminente victoria. Cuando llegó la noche, salieron del caballo de madera, abrieron las puertas de la ciudad y la arrasaron, y con ella perecíó la inexpugnable ciudad, famosa por sus murallas de hierro y sus héroes de sangre caliente, como Héctor. Eneas, loco de ira, levantó su espada contra Helena, creyéndola la mensajera de la muerte troyana, sin embargo Venus -su madre- se alzaría, majestuosa, pidiéndole que abandonase Troya, pues su destino no se labraría esa fatídica noche. Pese a su dolor, el héroe sacaría fuerzas de sus entrañas, subiría a su padre herido en hombros y tomando a su hijo de la mano, huiría al exilio; mientras una espesa negrura protegía sus pasos vacilantes. Todavía le quedaría al héroe, sufrir otra desgracia, que lo sumiría en la desesperación más absoluta: su mujer ha desaparecido. Preso por el temor de su pérdida, la busca incesantemente hasta que su propio espíritu se le aparece. Creusa le insta una vez más a la loca huída, pues no se puede luchar contra el destino escrito y los dioses así lo han prescrito. Sin embargo, no todos los dioses velarán por su protección, Juno, no contenta con la destrucción de Troya, sería a partir de ese momento su encarnizada enemiga. Ella, intentará velar en todo momento por sus intereses: su corazón, frío como el acero, no admite la piedad ni el arrepentimiento; sólo clama venganza y destrucción contra todos los troyanos y los perseguirá con la intención de exterminarlos.

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