Virtudes Teologales: El Camino hacia la Perfección Humana y la Unión con Dios

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Virtudes y Educación de la Voluntad

La unión con Dios perfecciona al ser humano y sus virtudes

La palabra virtud proviene del latín virtus, que equivale a habitus (hábito), definido como una disposición estable de la voluntad; es decir, el hábito de hacer el bien. Mediante la continuidad y la repetición de actos determinados, se genera el hábito. La persona que cultiva una virtud, poco a poco, se vuelve más excelente en esa área específica, logrando que las acciones virtuosas fluyan con naturalidad.

Las virtudes teologales son hábitos, pero no se producen por la repetición de actos humanos; son virtudes infusas o infundidas directamente por Dios, lo que significa que el ser humano no puede alcanzarlas por sus propias fuerzas.

Fe

La fe está formada por dos elementos que constituyen un doble movimiento: la Palabra de Dios (un contenido concreto comunicado por Él) y la respuesta personal que el creyente ofrece. Dios habla y el hombre responde. La fe es el hábito infuso por Dios en la voluntad que nos otorga un conocimiento sobrenatural, capacitándonos para ver la realidad tal como Dios la ve.

Esperanza

Del latín spes, el verbo esperar. El cristiano vive la esperanza en relación con el futuro, pero posee una dimensión presente y una futura. Aquello que esperamos ya podemos disfrutarlo en cierta medida: "El que cree tiene ya vida eterna". Lo eterno se hace presente en la historia y en el tiempo. Dios, como persona viva en la eternidad, permite que, a través de la fe, podamos pregustar esa vida eterna. La esperanza nos añade la perfección de aquello que, aunque no podemos alcanzar plenamente mientras estemos en este mundo, sí podemos conocer.

Caridad

Del latín caritas: entrega, gracia, don. Es el término que la Iglesia adoptó tras la muerte de Cristo para referirse al amor. El amor cristiano es un don que Dios infunde en la voluntad para entregarnos la capacidad de amar como Él ama: una donación total. El cristiano se reconoce por sus virtudes derivadas de las teologales, las cuales se llevan a cabo sin medida.

El crecimiento en la vida cristiana
  • El día de nuestro bautismo, Dios nos infunde las tres virtudes sobrenaturales.
  • Estas virtudes no se entregan desarrolladas, sino que debemos hacer que crezcan a lo largo de nuestra vida.
  • La humildad es el pilar fundamental: si la retiramos, el resto de las virtudes derivadas caerán. El cristiano se reconoce, ante todo, por su humildad.

Cabe destacar que las virtudes derivadas (cardinales) ya eran conocidas y estudiadas por los filósofos griegos.

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