William Shakespeare: vida, teatro y características de su dramaturgia
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William Shakespeare
Pocos datos seguros se tienen de él. Nació en Stratford-upon-Avon en 1564, hijo de un comerciante acomodado.
Probablemente abandonó su formación académica pronto para aprender algún oficio.
Se casó a los 18 años. Tuvo tres hijos. Hay indicios de que su matrimonio, aunque duró hasta la muerte del autor, fue infeliz.
Su pista se pierde durante años y reaparece en Londres, cuando empezó a ser conocido como actor y autor.
Formó parte de varias compañías teatrales. Sus éxitos se sucedieron hasta el punto de crear su propia compañía, con la que se instaló en el teatro The Globe.
Se sabe que en los últimos años vivió retirado en su ciudad natal, donde había adquirido numerosas propiedades. Murió el 23 de abril de 1616 (misma fecha que Cervantes, aunque según calendarios distintos).
Características del teatro de Shakespeare
Las 37 obras de Shakespeare son el legado más impresionante de las letras inglesas (no olvidemos tampoco sus maravillosos sonetos). Su importancia no se debe tanto al argumento o a la originalidad de las obras —la mayoría tomadas de obras anteriores, como era habitual en la época—, sino a otras aportaciones que veremos a continuación:
Estilo asombrosamente rico. El dominio de la lengua inglesa abarca desde la expresión más exquisita y sublime hasta la gracia del lenguaje popular.
Emoción. Aguda capacidad para despertar emociones en el espectador, que no puede quedar indiferente ante las palabras de los personajes.
Personajes universales. Elevó a sus criaturas a la categoría de personajes universales al encarnar las pasiones más arrebatadoras —amor, celos, envidia, ambición, venganza…—, pero sin convertirlos en prototipos o modelos deshumanizados; al contrario, resultan extraordinariamente vivos por estar llenos de matices y contradicciones.
El personaje cómico (clown o bufón) es el contrapunto de los personajes nobles. En otros autores este personaje simplemente servía para poner la nota cómica; en Shakespeare, sus intervenciones, sin perder la ironía, alcanzan auténtica hondura filosófica, de modo que el humor es amargo y la tensión dramática no se debilita, sino que se refuerza.