La Zona Republicana en la Guerra Civil Española: Revolución y Derrumbe del Estado
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La Zona Republicana: La Revolución Contenida
El Derrumbe del Estado Republicano
Para atajar la sublevación, el gobierno republicano de José Giral tuvo que organizar apresuradamente una fuerza militar capaz de oponerse a los sublevados. Para ello, tomó la decisión de entregar armas a las milicias de los partidos y sindicatos, disolver el ejército tradicional y los cuerpos policiales, y decretar la creación de batallones de voluntarios. En el territorio republicano emergió una estructura de poder popular, que constituían en aquel momento la única fuerza armada capaz de defender la legalidad republicana.
En el verano y otoño de 1936, el poder del Estado sufrió un desplome y fue sustituido por organismos revolucionarios. De este modo surgieron consejos, comités y juntas que se ocupaban de organizar las columnas de voluntarios para el frente.
En algunas zonas, los comités se unificaron para formar Consejos Regionales, entre los que destacaron la Junta de Defensa de Madrid o el Consejo de Aragón. En estos organismos se reunían las fuerzas del Frente Popular con predominio de los sindicatos y de los partidos obreros. Fue importante la creación, en Cataluña, del Comité Central de Milicias Antifascistas.
El Desencadenamiento de la Revolución Social
En el territorio republicano, el alzamiento militar provocó la extensión de un clima revolucionario. La población se enfrentó contra los sublevados para defender la República constituida por campesinos y obreros vinculados a organizaciones de izquierda revolucionaria. Una vez sofocada la rebelión, se sintieron legitimados para impulsar cambios sociales.
El elemento más significativo de la revolución social fue la colectivización de la propiedad industrial y agraria. Por ejemplo, se hicieron con el control de los transportes, los servicios urbanos, etc.
Los empresarios e industriales huyeron al estallar la guerra o fueron detenidos o asesinados, y los trabajadores se pusieron al frente de las empresas. Tras hacerse con el control, los trabajadores comunicaban a sus dueños que las explotarían a partir de ese momento en régimen de autogestión. Más adelante, una serie de decretos dieron cobertura legal a las incautaciones de industrias y tierras efectuadas por los organismos populares. En el campo, las expropiaciones de fincas y su ocupación masiva se extendieron por Valencia o Andalucía.
Se desencadenó en la zona republicana una respuesta popular espontánea contra todo lo que pudiera tener relación con los llamados “facciosos”. La Iglesia, la burguesía, los propietarios y las clases acomodadas fueron objeto de una persecución que se escapó del control del poder republicano. Tuvieron lugar asesinatos, los llamados “paseos”, detenciones ilegales en conventos, y requisas de bienes. Hubo incidentes graves como los asesinatos de presos políticos de derecha en las cárceles de Madrid. Fueron asesinados políticos como José Antonio Primo de Rivera, fusilado en una cárcel de Alicante. Muchos de los perseguidos huyeron al extranjero y la mayoría apoyó al bando franquista.
La imposición de un cierto “terror” revolucionario en las calles estuvo impulsada por el sector más radical del anarcosindicalismo y del POUM. El resto de fuerzas políticas mantuvieron muy pronto posiciones críticas reclamando la necesidad de un poder estatal fuerte que concentrara sus esfuerzos en ganar la guerra.