Abd al-Rahman I (756-788): Fundador del Emirato Omeya de Al-Ándalus
Abd al-Rahman I (756-788)
Hacia el año 756, cuando Yusuf al-Fihri proclamaba la independencia de Al-Ándalus, el Imperio atravesaba un cambio radical con la llegada de los abbasíes al poder. El cambio se produjo a través de la guerra civil y la sangrienta persecución a los miembros de la familia omeya. El nieto del califa Hisham, Abd al-Rahman, logró sobrevivir y, custodiado por el liberto de su casa, Badr, se refugió con los parientes de su madre en el norte de África, permaneciendo allí cinco años, madurando la idea de aprovechar el territorio andalusí para crear un núcleo fuerte frente a los abbasíes.
Hacía nueve años que Yusuf al-Fihri ejercía el gobierno en Al-Ándalus con mano dura. Cuando Abd al-Rahman mandó a Badr a la península (754), los yemeníes sufrían una fuerte represión, el sño político de los qaysíes se volvía raro, la población sufría hambruna y malas cosechas, y al-Fihri no ponía solución.
Badr tenía la misión de conseguir apoyos para la causa omeya. Sus reuniones con los mawlas omeyas presentaban a Abd al-Rahman como la única perspectiva de pacificación, capaz de poner orden y paz.
Abd al-Rahman desembarcaba en Almuñécar en 755 y se dirigió de inmediato a Torrox, donde formó un ejército y entró en Medina Sidonia y Sevilla, donde sumó refuerzos tras el paso de soldados del ejército de Yusuf al-Fihri al bando omeya. Yusuf, rápidamente, perdió tropas para enfrentarse a Abd al-Rahman y quiso negociar, pero ya era tarde, y Abd al-Rahman, proclamado emir en Archidona (756), recibía apoyos de todas partes. En mayo de 756, Abd al-Rahman derrotaba en Córdoba a al-Fihri y presidía la oración en la mezquita mayor. Así nacía el Estado musulmán independiente del califato abbasí.
A lo largo de 32 años de gobierno, Al-Rahman se centró en consolidar las bases de Al-Ándalus, esforzándose en que la umma se recobrara de los odios sufridos y afianzar el poder.
Abd al-Rahman ganaba la guerra civil con un bando en el que entraban árabes, bereberes y muladíes, que desalojaron a los qaysíes del poder. El emir buscó la pacificación, mostrándose clemente con sus opositores, permitiendo que los vencidos conservaran sus bienes, lo que provocó el descontento de los vencedores.
También, para consolidar su poder, permitió la emigración de parientes, amigos y clientes de los omeyas, así como de la aristocracia árabe quraysí, descontenta con los abbasíes, formando un cuerpo de primer rango con beneficios en pensiones y honores. Así, el régimen omeya en Al-Ándalus se asemejaba al que gobernó en Damasco; pero los bereberes volvían al descontento por la llegada de tanta gente ajena a Al-Ándalus.
Las primeras rebeliones
En los tres primeros años de gobierno, la política omeya hacía aguas y el descontento andaba por todas partes: desde 759 comenzó la serie de revueltas encadenadas que no terminarían hasta 784, obligando al emir a cambiar su política por la de mano dura, eliminando definitivamente a al-Fihri. Un momento crítico fue cuando Sulayman, gobernador de Zaragoza, quiso independizarse y pidió ayuda a Carlomagno, que llegó ante la ciudad en 778; pero el gobernador cambió de actitud, Carlomagno tuvo que retirarse y sufrió la derrota de Roncesvalles. El emir consiguió mantener Zaragoza, pero no pudo impedir que Carlomagno se apoderara de Gerona y de la zona ultrapirenaica. Toledo, que se sublevó en 762, fue sometida tres años después, pero se sublevaría de nuevo en 785, obligando a intervenir al emir personalmente. Finalmente, se enfrentó a los abbasíes en Beja, donde se encontraba al-Ala ibn Mugit, para reclutar partidarios. Abd al-Rahman se instaló en Carmona con sus tropas más fieles y, en un rápido movimiento, destruyó a ibn Mugit, cuya cabeza y las de sus partidarios fueron envueltas en la bandera negra abbasí y depositadas de noche en el mercado de la ciudad de Qayrawán.
El régimen militar y la organización del Estado
El régimen derivó hacia un despotismo militar, ya que Abd al-Rahman no tuvo más remedio que apoyar el gobierno en las espadas, lo que ofrecía inconvenientes muy graves. La pobreza de doctrina política de los primeros tiempos del islam, cuando autoridad religiosa y potestad civil se confundían en una sola persona, tuvo su reflejo en Al-Ándalus. Abd al-Rahman sólo tomó el título de emir, de carácter militar, y aunque algunas veces se le denominó malik (rey), nunca se tituló oficialmente así, y tampoco califa: cuando asumió el gobierno, la oración se rezaba en nombre de al-Mansur, pero más tarde se suprimió, estableciéndose la ficción de que el califato estaba vacante a falta de un legítimo titular. Al emir se le debe la primera fase de la construcción de la mezquita de Córdoba, construida a semejanza de la de Damasco.
El emir poseía la potestad correspondiente al Estado y la ejercía, para lo que utilizaba dos instrumentos: sus rentas y el ejército. La novedad fue la creación de unidades militares profesionales que independizaron al gobierno del caudillismo militar, muy notable en las fronteras, como el desarticulado sistema de los jund o distritos donde se habían asentado las tropas sirias. Así, se constituyó un ejército mercenario de bereberes y esclavos, prisioneros de las campañas carolingias que se vendían como esclavos en Cataluña: pudieron alcanzar la cifra de 40.000 hombres en el ejército de Abd al-Rahman.
Economía, sociedad y expansión
En el gobierno de Abd al-Rahman se introdujeron novedades, producto de la apertura a los mercados norteafricanos que renovaba la demanda de la artesanía y de la paulatina ampliación de los cultivos de huerta; de este modo, los grandes territorios heredados de los visigodos comenzaron a desaparecer. También las ciudades crecieron, así como la administración fiscal, que extraía dinero para sus proyectos, ordenando la acuñación de la moneda de oro (dinar) y de plata (dirham).
La afirmación del nuevo Estado islámico exigía defender la umma de la amenaza constante del reino astur, fortalecido tras el reinado de Alfonso I, que provocó la creación de una "tierra de nadie" entre sus dominios y los del emirato.
La existencia de esta tierra obligó a los musulmanes a lanzar ataques a los flancos de los núcleos cristianos: Galicia y Álava. Abd al-Rahman I fue derrotado en la campaña de Galicia, aunque logró someter la zona de Álava como tributaria del emirato.
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