Fin del Absolutismo en Inglaterra: Revolución y Monarquía Parlamentaria
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El Fin del Absolutismo en Inglaterra: De la Guerra Civil a la Monarquía Parlamentaria
Desde la Edad Media, en Inglaterra, el poder real estaba limitado por las dos cámaras del Parlamento: la de los Lores (nobles y clérigos) y la de los Comunes (burgueses, representantes de las ciudades). Los monarcas necesitaban su autorización para cobrar impuestos o declarar la guerra.
La Revolución Inglesa y la República
En el siglo XVII, la dinastía de los Estuardo pretendió gobernar sin el control del Parlamento, lo que provocó una guerra civil entre los defensores del Parlamento y los partidarios de la monarquía absoluta. En 1649, el rey Carlos I fue ejecutado y se proclamó la república. Oliver Cromwell, el principal impulsor del cambio político, transformó la república en una dictadura militar.
Restauración Monárquica y el Habeas Corpus
En 1660, tras la muerte de Cromwell, el Parlamento restableció la monarquía. Carlos II, el nuevo rey, aceptó el control del Parlamento, que en 1679 votó a favor del Habeas Corpus, una ley que garantizaba las libertades individuales y protegía contra las detenciones arbitrarias.
La Declaración de Derechos y la Monarquía Parlamentaria
En 1689, una segunda revolución acabó con la monarquía absoluta de los Estuardo. El Parlamento ofreció la corona a Guillermo de Orange, quien juró la Declaración de Derechos (Bill of Rights). Esta declaración limitaba los poderes del monarca y sometía algunas de sus decisiones al Parlamento.
Inglaterra se convirtió en el primer país con una monarquía de poder limitado: el soberano estaba condicionado por el Parlamento. Los poderes ejecutivo y legislativo estaban separados, y el poder judicial era independiente.
El Impacto de la Monarquía Parlamentaria
La monarquía parlamentaria británica se convirtió en un modelo para los filósofos franceses de la Ilustración. Mientras tanto, la mayoría de los monarcas europeos seguían ejerciendo un poder absoluto. Aunque algunos, conocidos como déspotas ilustrados, promovieron reformas para el bien del pueblo, se reservaron la capacidad de decisión. Su política reformista incluyó la racionalización de la administración estatal, la reforma educativa, la modernización agrícola, el desarrollo manufacturero y la liberalización parcial de la producción y el comercio.
Las contradicciones de esta vía reformista prepararon el terreno para las grandes revoluciones liberales del siglo XIX.