El Absolutismo y las Potencias Europeas del Siglo XVIII
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El Absolutismo Monárquico
El Absolutismo es un sistema político en el que el monarca absoluto encarnaba la integridad del Estado y concentraba todo el poder político en su persona. Era un aristócrata, pero dentro de la nobleza era un primus inter pares (el primero entre los iguales). Contaba con un fuerte respaldo religioso, ya que se consideraba que Dios era el origen del poder del rey, pero dirigía con mano férrea a las iglesias. Su poder apenas tenía límites legales en Europa. Aun existían asambleas donde se reunían los estamentos, y contaba con un ejército y una administración. Para obtener financiación, creaba nuevos tributos o pedía préstamos.
La Excepción Británica: Monarquía Limitada
Reino Unido constituía una excepción, ya que se trataba de una monarquía limitada establecida en el siglo XVII, en la que un Parlamento limitaba los poderes de la Corona británica. Su Parlamento estaba compuesto por la Cámara de los Lores (donde estaba la nobleza y el clero) y la Cámara de los Comunes (que representaba al tercer estado). Tenía dos partidos políticos principales: los Tories (conservadores, ligados a la iglesia y la nobleza) y los Whigs (liberales).
Los Grandes Estados a Finales del Siglo XVIII
A finales del siglo XVIII, en Europa occidental destacaban tres grandes potencias: Gran Bretaña, Francia y España. Las tres tenían colonias en ultramar, gran poderío naval, una notable continuidad territorial e identidad cultural.
Gran Bretaña contaba con un sistema parlamentario desde el siglo XVII y poseía un comercio y una industria más avanzados que el resto; a partir del siglo XVIII, consolidó su poder.
Francia era la gran potencia del continente en el siglo XVII. Su monarquía gozaba de gran prestigio político e influencia internacional; tenían la dinastía Borbón, que era un modelo a seguir.
España, donde también reinaba la dinastía de los Borbones, tenía una monarquía semejante a la francesa.
Europa Central y Oriental
En Europa central, el Imperio Alemán estaba dividido en múltiples estados. El Sacro Imperio Romano Germánico había surgido en el siglo XVIII como una nueva potencia que rivalizaba con Austria.
Más allá de las fronteras de Europa central, existían dos amplios imperios: el Imperio Ruso, que estaba en expansión, y el Imperio Otomano o turco, en claro retroceso, pero que aún poseía grandes territorios.