La Afirmación del Devenir: Nietzsche, Heráclito y la Crítica al Dualismo Metafísico

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Ser y Devenir: Nietzsche de acuerdo con Heráclito

Nietzsche, de acuerdo con Heráclito, parte de la premisa de que «todo fluye, nada permanece». Por lo que nunca se puede percibir un objeto de la misma forma que se ha percibido anteriormente, ya que este objeto, al igual que nuestra forma de percibir, está sujeto al cambio y al movimiento.

La Realidad Inaccesible y el Problema del Conocimiento

Por lo tanto, la realidad es inaccesible al conocimiento humano. Podemos sentirla, experimentarla (como veremos más adelante), pero no podemos llegar a conocerla. Pero si, como se ha afirmado antes, todo fluye, estamos ante un mundo sin orden, sin sentido, sin logos y sin certeza. Algo difícil de asumir.

La Respuesta Occidental: El Dualismo Metafísico

¿Y cómo salir de este problema? Al parecer, la cultura occidental y la filosofía tenían la solución. De la misma forma que esta realidad sin orden y sin logos nos la muestran los sentidos, podríamos afirmar que los sentidos nos engañan, por lo que esta realidad que nos muestran, la del devenir, es falsa.

Además, tras esta apariencia se encuentra la que para la tradición occidental es la verdadera realidad: aquello que alcanzamos gracias a la razón. Con la razón se nos abre un mundo de «objetos» que permanecen inmóviles y, por tanto, podemos conocerlos. De esta forma se habría caído en el dualismo: habría dos mundos:

  1. El del devenir, el que nos negamos a aceptar por miedo y que consideramos pura apariencia.
  2. El llamado mundo verdadero, alcanzable por la razón.

La Afirmación Nietzscheana del Devenir

Ante esto, Nietzsche apuesta por posicionarse junto a Heráclito y afirma que solo hay devenir. Lo aparente se puede experimentar, pero lo «verdadero» no es más que una construcción de la razón. Así, para Nietzsche, lo real es la multiplicidad y el cambio. De esta forma, Nietzsche acaba con el dualismo de realidades.

El Miedo al Caos y la Creación del «Mundo Verdadero»

Para Nietzsche, la creación del «mundo verdadero» se basa en el miedo al devenir, al caos. Se trata de una solución para vivir tranquilos y sentirse protegidos. La creación de este mundo sería un síntoma de vida descendente. De esta forma, todos aquellos que creen en él son débiles, cobardes y viven en el autoengaño. Es un mundo creado ante la incapacidad de aceptar una realidad sin orden, sometida a cambio constante y, por tanto, gobernada por el caos.

Los encargados de intentar reducir el devenir y simplificar la realidad son los llamados por Nietzsche «filósofos momia».

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