El Antiguo Régimen: Economía Rural, Propiedad de la Tierra y Estancamiento Demográfico
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Primer Trimestre
Economía Agraria y Señorial
La economía del Antiguo Régimen era básicamente rural. Entre el 80 y el 90 % de la población se dedicaba a tareas agrícolas, y esta actividad proporcionaba casi el 75 % de la producción global de bienes.
Propiedades de la Tierra
Durante el Antiguo Régimen, la agricultura era la fuente más importante de riqueza. Solo una pequeña parte de las tierras podía ser considerada de propiedad privada, es decir, se podía disponer libremente de ellas y ponerlas a la venta si se creía oportuno. Las demás estaban vinculadas a un título nobiliario, a la Iglesia, a un municipio o a la Corona. La propiedad vinculada permitía a su titular sacar provecho económico y ejercer jurisdicción sobre ella, pero no podía venderse.
El Señorío Territorial
El conjunto de tierras en manos de un señor (noble o eclesiástico) recibía el nombre de señorío territorial. Constaba, en primer lugar, de la reserva señorial, formada por las tierras más productivas que el señor se reservaba para su explotación directa. Allí se ubicaban su residencia y los establecimientos principales:
- Horno
- Forja
- Molino
- Establo, etc.
El resto del territorio de un señorío estaba dividido en parcelas llamadas mansos. Cuya dimensión debía ser suficiente para alimentar a una familia. El señor cedía estos mansos o bien a hombres libres, que trabajaban la tierra en usufructo a cambio de pagar un censo, o bien a siervos que debían asegurarle prestaciones, tanto en forma de productos como de trabajo.
Derechos Señoriales
Los derechos señoriales eran el conjunto de prestaciones y rentas que recibían los señores en virtud de su dominio sobre la tierra. Estos derechos provenían de la explotación económica de sus propiedades, y también de la obligación de los campesinos de entregar un tanto por ciento de la cosecha de las tierras que trabajaban.
Una Población Estancada: La Demografía del Antiguo Régimen
La demografía del Antiguo Régimen se corresponde con el llamado ciclo demográfico antiguo, que se mantuvo hasta los inicios de la industrialización. Se caracterizaba por un escaso o casi nulo crecimiento demográfico.
La subalimentación, la falta de higiene y los escasos recursos médicos provocaban una elevada mortalidad (entre el 30 y 40%), que era especialmente grave en el caso de los recién nacidos. La esperanza de vida era alrededor de los 45 años. La natalidad era muy alta y la tasa de fecundidad también; la mujer tenía una media de cinco hijos.
La crisis de subsistencia a menudo era el origen de una crisis demográfica. Las enfermedades y epidemias se ensañaban con una población subalimentada, provocando una mortalidad catastrófica y diezmando sus colectivos. Estas crisis periódicas eran las responsables del estancamiento demográfico a largo plazo.