Arquitectura Románica: Características, Alzado y Ornamentación
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Alzado en la Arquitectura Románica
El alzado en la arquitectura románica se caracteriza por su solidez y verticalidad. Los edificios se asientan sobre robustos cimientos, que en ocasiones permiten la construcción de criptas o iglesias subterráneas. El grueso muro, reforzado por contrafuertes, ejerce de sustentador de unos edificios cada vez más elevados. La nave central, más alta que las laterales, permite abrir ventanales, descargando su peso sobre estas y, en ocasiones, sobre las tribunas elevadas sobre dichas naves laterales. Las bóvedas de medio cañón de las naves laterales transmiten su carga a los pilares, contrafuertes y muros exteriores, anticipando así los arbotantes del gótico. Estas tribunas, con un valor útil a veces escaso, o destinadas a acoger a los peregrinos, se abren a la nave central a través de ventanas ornamentales de tres vanos, conocidas como triforio.
Tratamiento de los Muros
Los dos muros que flanquean la nave central recibieron un tratamiento muy especial por los arquitectos románicos. Se evitó la rotundidad masiva de la época del primer románico y se optó por la ordenación en pisos horizontales de arcos correspondientes a vanos reales o ficticios (comunicación con la nave lateral, tribuna o falsa tribuna y ventanas). También se implementaron tramos verticales enmarcados por columnas o pilares que ascienden, sobre el muro, hasta el arranque de la bóveda. Esta preocupación por dinamizar el muro de la nave es algo que culminaría en las llamadas iglesias de peregrinación y que con el gótico seguiría siendo uno de los principales temas arquitectónicos.
Fachadas Románicas
En lo que se refiere a las fachadas, estas se articulan frecuentemente en forma de “H”, entre dos sólidas torres, con la excepción italiana del campanile o torre-campanario exenta. Dichas fachadas suelen presentar portadas ornamentales diferentes según las zonas. En Italia, se organizan a partir de arquerías de columnas y escasa escultura, mientras que en el área de influencia francesa se observan elevadas torres y portadas repletas de escultura. En general, existe una correspondencia entre los elementos exteriores e interiores.
Ornamentación en la Arquitectura Románica
Los motivos decorativos constituyen otra de las señas de identidad del edificio románico. Estos se reparten por toda la iglesia, fundamentalmente en las ventanas y capiteles. Además, generalmente, los muros estaban completamente pintados, produciendo el efecto de desmaterialización ya visto en el arte bizantino. Para marcar la articulación horizontal y romper con la monotonía del macizo muro, se multiplican los frisos y cornisas a modo de bandas ornamentales divididas en partes y constituidas por motivos geométricos abstractos. Entre estos motivos encontramos el dentado, el ajedrezado o taqueado, las puntas de diamante, el zigzag y los arquillos ciegos. En ocasiones, en las cornisas aparecen salientes que sustentan mejor la carga y que se presentan con decoración escultórica (canecillos) o con rollos (modillones). Muchas veces, los propios contrafuertes, aparte de su posible funcionalidad, sirven para articular plásticamente dicho muro.