Ascenso y Consolidación de las Dinastías Plantagenet y Capetos
Enviado por Comunidad Wikiteka y clasificado en Historia
Escrito el en
español con un tamaño de 5,03 KB
Los Plantagenet
Después de sus desastrosas empresas en Francia, Juan se vio obligado a firmar un texto en el que limitaban su poder sobre los asuntos fiscales, lo que suponía no poder gravar al reino con nuevos impuestos. Cuando Juan se retractó en 1215, los barones se aliaron a Luis VII de Francia, que fue derrotado por Guillermo el Mariscal cuando invadía la isla. Fue sucedido por su hijo Enrique.
En adelante, la dinastía Plantagenet se consolidó durante los reinados de los reyes Enrique III, que tuvo un dilatado gobierno de cincuenta y seis años (1216-1272), Eduardo I el Zanquilargo (1272-1307), especialmente conocido por su gran combatividad, Eduardo II (1307-1327), y Eduardo III (1327-1377), rey especialmente fructífero en la guerra contra los franceses, a los que su hijo Eduardo (El Príncipe Negro) derrotó en la batalla de Crécy (1346). Ricardo II (1377-1399) enfrentó un reinado muy conflictivo, desafiando inútilmente al Parlamento por su carácter autoritario, siendo finalmente desposeído de su corona por los nobles a los que llevaba hostigando durante todo el reinado, y muriendo en prisión. De tal modo, fue sucedido por Enrique IV de Lancaster, que ponía fin a la línea directa de los Plantagenet.
Los Capetos
Desde la desintegración del Imperio carolingio, el espacio político francés está muy fragmentado.
El origen de la monarquía en Francia se encuentra en la familia de los Capetos y en la Isla de Francia, a donde, en principio, se reducían los dominios de los Capetos. Sin embargo, con el tiempo, son muchos los dominios que los Capetos tienen en toda Francia. Es una familia muy rica y con un gran prestigio moral entre los caballeros franceses. En principio, la suya es una autoridad moral de carácter sagrado; los reyes se consagran, están ungidos por Dios, el rey es un personaje casi sagrado. Los Capetos son árbitros en las querellas entre los nobles franceses. La auténtica casa dominante en Francia era la de Toulouse. Pero los Capetos se denominaban reyes de los francos y aspiraban a unificar a todos los francos bajo su mando.
Hugo Capeto refuerza su autoridad real asociando el trono de Francia a su hijo, Roberto II, con lo que se asegura que el trono pertenecerá a la familia. No vinculan su derecho al trono con la descendencia carolingia, sino que convierten sus dominios en un principado, y a la nobleza sus iguales, pero comienzan a construir unas relaciones de vasallaje que les aseguran el trono. Con el tiempo, la autoridad virtual se convierte en real, y los Capetos conseguirán la unión de los francos, por medio de la concesión de fueros. Será bajo Luis VI (1108-1137) y Luis VII (1137-1180) cuando se someta a la baja nobleza y se desarrolle, institucionalmente, la monarquía.
La restauración real se había iniciado tímidamente con Felipe I y será definitiva con Felipe II Augusto (1180-1223). Los Capetos favorecieron en París a los grandes intelectuales de la época, el abad Suger y la universidad. Además, fue un periodo de crecimiento económico. Establecieron vínculos feudales con la nobleza y concedieron fueros a poblaciones. Entre los Capetos no hubo problemas de sucesión dinástica, lo que les proporcionó mucha estabilidad. Además, se apoyaron en la Iglesia para legitimar su poder, y también en la burguesía. El desarrollo de su Estado era muy escaso, apoyándose en una asamblea de carácter feudal. Luis VII es el que comienza a sustituir, en los grandes cargos, a las familias tradicionales por nobles de segundo rango, más fieles. Luis VII luchó contra Enrique V y contra los castellanos, despertando el sentimiento nacionalista. El poder de los Capetos fue aumentando, y cuando Felipe II Augusto llegó al poder tenía todo lo necesario para imponerse en toda Francia.