Beneficios del Estado de bienestar, financiación pública e impuestos
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Los beneficios del Estado de bienestar
El gasto social tiene tres tipos de destinatarios:
- Gastos por prestaciones de carácter contributivo. Sus beneficiarios son quienes han contribuido previamente con sus cotizaciones a la Seguridad Social durante un determinado periodo de tiempo. Aquí se incluyen las pensiones contributivas, la prestación por desempleo o por incapacidad laboral. En conjunto, suponen más de la mitad del gasto social, debido sobre todo al importante peso de las pensiones.
- Gastos por prestaciones de carácter universal, como educación y sanidad, dirigidas a toda la población y que solo requieren que el beneficiario las solicite.
- Prestaciones de carácter compensatorio, destinadas a los colectivos sin recursos, etc. Este gasto es el que más incide en la equidad por sus funciones de asistencia social hacia los sectores más desfavorecidos.
El futuro del Estado de bienestar
El Estado de bienestar se financia con las cotizaciones a la Seguridad Social de empresarios y trabajadores y con los impuestos del sistema tributario. Contando con estos ingresos, algunos economistas plantean la duda sobre la financiación futura del Estado de bienestar. La razón de esto está en el rápido proceso de envejecimiento de la población en los países desarrollados, que se explica por el aumento de la esperanza de vida y la baja tasa de natalidad, y que plantea un doble problema:
- El primero es el aumento de la tasa de dependencia, es decir, la población en edad de trabajar de la que aquella depende.
- El segundo problema es el aumento de las necesidades sanitarias, porque cuanto más tiempo vivan las personas, más servicios sanitarios y de apoyo a personas dependientes se requerirán.
Los ingresos públicos
Finalidad de los impuestos:
- Financiar los bienes y servicios que ofrece el sector público.
- Redistribuir la renta y la riqueza.
- Desincentivar o desviar determinados gastos o consumos que se estiman perjudiciales para la salud de las personas o para la sociedad.
Impuestos directos: se aplican sobre una manifestación directa de la capacidad económica de los contribuyentes, como la obtención de una renta o la posesión de un patrimonio.
Impuestos indirectos: recaen sobre una manifestación indirecta de la capacidad económica de los contribuyentes, como son sus actos de consumo.
El sector público necesita recursos suficientes para poder financiar los gastos públicos. Estos recursos constituyen los ingresos públicos y se obtienen mediante las cotizaciones sociales, los tributos y otras fuentes de ingreso.
- Cotizaciones sociales: son los pagos que se hacen a la Seguridad Social y por los que se adquiere un derecho a percibir determinadas prestaciones.
- Tributos: se clasifican en:
- Impuestos: pagos que se exigen por ley, sin que el contribuyente reciba un beneficio específico a cambio. Representan más de la mitad de los ingresos públicos. Se distinguen los siguientes:
- Impuestos directos: gravan la renta o riqueza de las personas y empresas en función de sus circunstancias económicas y familiares. Permiten, por tanto, que quienes ganan o tienen más dinero paguen más que quienes tienen menos ingresos o riqueza. Los más importantes son el impuesto sobre la renta de las personas físicas, el impuesto sobre sociedades y el impuesto sobre el patrimonio.
- Tasas: tributos por el uso de un bien o servicio ofrecido por la administración.
- Contribuciones especiales: pagan quienes se benefician de una obra o actuación del sector público.
- Impuestos: pagos que se exigen por ley, sin que el contribuyente reciba un beneficio específico a cambio. Representan más de la mitad de los ingresos públicos. Se distinguen los siguientes:
Los impuestos son pagos que los ciudadanos están obligados a hacer por ley para que el Estado y el resto de administraciones públicas dispongan de los recursos suficientes con los que financiar los gastos públicos.