Bentham y John Stuart Mill: Placeres intelectuales vs. placeres corporales y la crítica al hedonismo

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Bentham y John Stuart Mill: Placeres intelectuales vs. placeres corporales

Planteamiento inicial

¿Qué es preferible, leer a Shakespeare o jugar a las cartas? La respuesta es, según Bentham, sencilla: veamos cuánto placer nos proporciona una y otra actividad y elijamos, entre ellas, la que nos proporciona más placer. En otras palabras, las diferencias cualitativas entre placeres pueden reducirse a diferencias cuantitativas.

La postura de Bentham y su justificación

En realidad, Bentham no tenía duda de que leer a Shakespeare fuera mejor que jugar a las cartas. Pero, para justificar esta convicción, no tiene más remedio que dar por supuesto que leer a Shakespeare es, pese a lo que les parece a algunos, más placentero que jugar a las cartas, incluso para esos que no creen que sea así. Lo que pasa es que leer a Shakespeare es más placentero a largo plazo, mientras que jugar a las cartas es más placentero a corto plazo. Esta posición la resume Stuart Mill así:

Hay que admitir que, en general, los escritores utilitaristas han situado la superioridad de los placeres mentales sobre los corporales en la mayor duración, seguridad, economía, etc., de los primeros. Es decir, en sus ventajas circunstanciales más que en su naturaleza intrínseca.

Explicación y ejemplo

Explicaré un poco esta idea. Jugar a las cartas nos proporciona un placer inmediato; en cambio, leer a Shakespeare proporciona, en un primer momento, un placer muy poco intenso, e incluso puede resultar trabajoso y aburrido. Esto hace que nos sintamos poco motivados a leer a Shakespeare y muy motivados a jugar a las cartas. Y ello pese a que, con el paso del tiempo, si optamos por jugar a las cartas nuestra vida será vacía y aburrida, mientras que si leemos buena literatura tendremos un flujo constante y duradero de placer.

La objeción de John Stuart Mill

Stuart Mill está, por descontado, de acuerdo con Bentham en que las actividades intelectuales son superiores al resto. Pero no acepta la explicación de Bentham de esta superioridad. Para Mill, los placeres intelectuales son cualitativamente superiores a los corporales, independientemente de si producen o no más cantidad de placer:

Es mejor ser un humano insatisfecho que un cerdo satisfecho; mejor un Sócrates insatisfecho que un loco satisfecho.

Ahora bien, con esta afirmación Stuart Mill está abandonando ya el hedonismo, pues está aceptando que una actividad intelectual puede ser preferible, incluso cuando no resulte placentera.

Puntos clave

  • Bentham: la preferencia se basa en la mayor cantidad de placer (cuantitativismo).
  • Mill: reconoce superioridad intelectual por cualidad, no solo por cantidad.
  • Ejemplo ilustrativo: leer buena literatura puede ofrecer un placer más duradero frente al placer inmediato de juegos como las cartas.
  • La postura de Mill implica una crítica al hedonismo estrictamente cuantitativo.
Conclusión

El debate entre Bentham y Stuart Mill sobre los placeres plantea una pregunta esencial en la filosofía moral: ¿debe medirse la bondad de una actividad solo por la cantidad de placer que genera, o también por la calidad de ese placer? La tensión entre cantidad y calidad sigue siendo relevante para la comprensión contemporánea del utilitarismo y de la valoración ética de las actividades humanas.

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