El boom ferroviario en España durante el reinado de Isabel II
Resumen
El texto explica la expansión del ferrocarril en España durante la segunda mitad del reinado de Isabel II, destacando sus ventajas frente a la tracción animal. Describe las primeras líneas, desde la de La Habana-Bejucal hasta las de la metrópoli, y el papel de las concesiones, las sociedades anónimas y el capital extranjero en su construcción. También recoge la lentitud inicial del proceso y los escándalos de corrupción asociados.
Puntos clave
- El ferrocarril supuso una revolución por su rapidez y la reducción de costes frente a la tracción animal.
- La primera solicitud de concesión ferroviaria es de 1829 (Jerez-Puerto de Santa María).
- El primer ferrocarril español en servicio fue La Habana-Bejucal, inaugurado el 19 de abril de 1837.
- La primera línea de la metrópoli fue Barcelona-Mataró (1848); le siguieron Madrid-Aranjuez y Gijón-Sama de Langreo (1851).
- Dada la debilidad de la Hacienda, la construcción se confió a grupos financieros privados mediante concesiones en subasta pública.
- Hasta 1855 solo se habían construido 440 km; la legislación de 1844 fue imprecisa y varias concesiones dieron lugar a especulación y corrupción.
El Boom Ferroviario en España durante el Reinado de Isabel II
La construcción del ferrocarril experimentó un enorme impulso durante la segunda mitad del reinado de Isabel II, significando una revolución debido a su mayor rapidez y a la reducción de los costes. Una caballería podía transportar unos 120 kg a una media de 4 km/h, mientras que el ferrocarril podía arrastrar varios vagones de 10 Tm cada uno, a una velocidad de 20 km/h.
La primera solicitud de concesión de una línea ferroviaria se produce en 1829, apenas cuatro años después de la puesta en funcionamiento del primer ferrocarril inglés. Era la línea Jerez-Puerto Santa María, y se pretendía con ella dar salida hasta el mar a los vinos de Jerez. Sin embargo, el primer ferrocarril español que entró en servicio fue el de La Habana-Bejucal, inaugurado el 19 de abril de 1837, un signo más de la pujanza económica de Cuba en plena expansión del negocio azucarero. El primero de la metrópoli, el de Barcelona a Mataró (1848), se dejaría esperar todavía seis años. Este, como los dos que le siguieron, Madrid-Aranjuez (consentido agrícola y recreativo) y Gijón-Sama de Langreo (1851, para transportar carbón asturiano), fueron líneas de cercanías desde ciudades importantes.
Dada la debilidad de la Hacienda española, la construcción se dejó en manos de grupos financieros privados, españoles y extranjeros, que debían obtener una licencia (concesión) en pública subasta que les autorizaba a ejecutar las obras de un determinado trayecto aprobado y que les permitía explotarlo en su beneficio durante un período de tiempo. Como los costes de la construcción ferroviaria eran muy elevados, difícilmente asumibles por una sola persona, se formaron sociedades anónimas por acciones en las que varios individuos reunían sus fortunas.
Hasta 1855 el total de kilómetros construidos fue sólo de 440; el retraso general de la economía española y el clima de permanente inestabilidad habían impedido planificar la construcción y atraer inversiones. En 1844 se publicó una Real Orden para regular la construcción, pero fue muy imprecisa y no creó un marco legal adecuado para incentivar a posibles inversores. Las concesiones recayeron sobre grupos afines al partido moderado, que en gran parte se dedicaron a especular en Bolsa con ellas y provocaron algunos de los graves escándalos de corrupción que jalonaron el final de la década. Una propicia legislación atrajo cuantioso capital extranjero -francés principalmente- al sector ferroviario español, en rápida expansión.
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PDF Word HTMLPreguntas frecuentes
¿Cuál fue el primer ferrocarril español en entrar en servicio?
El primer ferrocarril español en entrar en servicio fue el de La Habana-Bejucal, inaugurado el 19 de abril de 1837. Se trataba de una línea de Cuba, entonces colonia española.
¿Qué era una concesión ferroviaria?
Era una licencia otorgada en pública subasta que autorizaba a construir las obras de un trayecto aprobado y a explotarlo en beneficio propio durante un período de tiempo.
¿Por qué se formaron sociedades anónimas para construir ferrocarriles?
Los costes de construcción eran muy elevados y difícilmente asumibles por una sola persona, por lo que varios individuos reunían sus fortunas en sociedades anónimas por acciones.
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