La Caída de la Monarquía de Alfonso XIII y el Problema de Marruecos (1930-1931)
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La Caída de la Monarquía de Alfonso XIII (1930-1931)
Alfonso XIII encargó formar gobierno al general Dámaso Berenguer, quien debía restablecer la Constitución y reabrir las Cortes como si no hubiera ocurrido nada durante los últimos años. El rey esperaba salvar así su figura, algo imposible, pues había estado demasiado implicado en la dictadura y la mayoría de los políticos conservadores y liberales desconfiaban de él. Además, la lentitud con la que se restablecieron las libertades constitucionales acabó con el poco prestigio del gobierno Berenguer, que la prensa calificó de “Dictablanda”.
A lo largo de 1930 el republicanismo experimentó un auge reflejado en la constitución de grupos republicanos de izquierdas y en el abandono de la causa monárquica de políticos conservadores como Alcalá Zamora o Miguel Maura. Al republicanismo se sumaron los nacionalistas catalanes y gallegos, que veían en la República la posibilidad de conseguir la autonomía. El movimiento obrero se declaró a favor de la República. El republicanismo caló en el ejército, especialmente dentro de la oficialidad más joven.
En agosto de 1930 se firmó el Pacto de San Sebastián, programa de acción común entre republicanos y nacionalistas gallegos y catalanes para derribar la monarquía y proclamar la república, al que se unieron más tarde los socialistas.
La intentona golpista fracasó con la prematura sublevación de Jaca, el 12 de diciembre de 1930, que terminó con las ejecuciones de los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández y la detención de la mayoría de los miembros del comité revolucionario.
En febrero de 1931 Dámaso Berenguer dimitió y Alfonso XIII encargó la formación de gobierno al almirante Aznar, quien convocó elecciones municipales para el 12 de abril por considerarlas menos peligrosas para la monarquía que unas elecciones generales. Sin embargo, estas elecciones municipales se plantearon como un plebiscito entre la monarquía y la república. Aunque la mayoría de los concejales elegidos fueron monárquicos, los republicanos ganaron de forma contundente en casi todas las capitales de provincia y en las ciudades más importantes, donde el sufragio era más abierto y limpio que en las zonas rurales, donde regía el sistema caciquil y donde hubo una fuerte abstención.
La Constitución de 1931
Las Cortes elaboraron la Constitución de 1931, de carácter democrático y progresista. Sus principios fundamentales eran:
- Declaraba España como una “República democrática de trabajadores de toda clase”.
- El reconocimiento de la soberanía popular (el poder reside más en el pueblo que en las instituciones representativas).
- Sufragio universal masculino y femenino (la abogada y diputada en Cortes Clara Campoamor defendió el sufragio femenino).
- Extensa declaración de derechos y libertades: no discriminación, matrimonio civil, divorcio y todos los de carácter social (trabajo, educación...).
- Poderes del Estado: ejecutivo (presidente de la República y gobierno), legislativo (Cortes unicamerales) y judicial (tribunales).
- La definición del Estado como integral, aunque compatible con la autonomía para las regiones.
- La no confesionalidad del Estado, la libertad de culto, la separación Iglesia-Estado y el fin de la financiación estatal de la Iglesia.
- La limitación del derecho de propiedad privada al permitirse la expropiación de bienes por razón de interés social. Se contemplaba la nacionalización de ciertos sectores económicos.
Conflictividad Social y Reagrupación de la Derecha
La conflictividad se manifestó con graves sucesos, que fueron consecuencia de unas tensiones políticas y sociales:
- El general Sanjurjo protagonizó un golpe de Estado fallido en agosto de 1932, que estuvo provocado por el creciente malestar de ciertos sectores del Ejército y conservadores, por las reformas llevadas a cabo (autonomía para Cataluña, agraria, militar...).
- Los originados por la crisis económica de 1929 y la radicalización de las organizaciones obreras (en especial los anarquistas de la CNT y la FAI) y de algunos grupos campesinos (impacientes por la lentitud de las reformas). El Partido Comunista de España (PCE) se instala también en una línea radical. La violencia en el campo se plasmará en conflictos sociales virulentos:
- El de Castilblanco (Badajoz), en diciembre de 1931.
- El de Casas Viejas (Cádiz), en enero de 1933, el más grave. El enfrentamiento entre los campesinos y las fuerzas de seguridad terminó con veintidós civiles y tres guardias muertos. Este incidente desacreditó al gobierno de Azaña.
Las reformas del primer bienio republicano y la conflictividad social fueron vistas como amenazas por determinados grupos sociales conservadores, que se organizaron en determinadas fuerzas políticas:
- El centro-derecha, representado por el Partido Radical de Alejandro Lerroux.
- La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), creada por José María Gil Robles. Es el grupo mayoritario, auspiciado por la Iglesia católica y que defendía la religión, la familia, el orden y la propiedad.
- Los monárquicos, con Renovación Española (José Calvo Sotelo).
- Los carlistas se reorganizan en la Comunión Tradicionalista.
- De inspiración fascista: Falange Española (creada por José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador) y las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), unidas poco más tarde a la Falange Española. La Falange destacaba por su ideología antidemocrática, su defensa del nacionalismo español y con un programa inspirado en el fascismo italiano.
Por otra parte, hay que referirse a la división creciente en los partidos republicanos (izquierda, centro-derecha) y en el seno de la izquierda (dentro de la coalición gubernamental). El fin del bienio reformista se vio marcado por la organización y el auge de las derechas, la crisis del gobierno de Azaña y la convocatoria de elecciones generales para noviembre de 1933, que fueron las primeras en las que votaron las mujeres en España.
El Problema de Marruecos Durante el Reinado de Alfonso XIII
Uno de los grandes problemas de la monarquía de Alfonso XIII fue la guerra de Marruecos. Su origen se remonta a los intentos de las potencias europeas de entrar en Marruecos, lo que llevó a celebrar la Conferencia Internacional de Algeciras, en 1906, donde España obtuvo el derecho sobre parte de Marruecos. Con la ocupación de la parte asignada España pretendía:
- Recuperar el prestigio internacional y la reputación del ejército tras el Desastre del 98.
- Mantener el equilibrio estratégico en el estrecho de Gibraltar.
- Garantizar el orden en la región del Rif.
- Conseguir el control de las minas de hierro del Rif.
En el desarrollo de la guerra distinguimos los siguientes episodios:
El Inicio de la Ocupación y la Guerra de Melilla (1909)
El inicio de la ocupación en 1909 da lugar a la guerra de Melilla, cuando la compañía española de minas del Rif intenta tender el ferrocarril que había de unir las minas con Melilla. Las cabilas (tribus de bereberes establecidas) atacaron a los trabajadores, por lo que el gobierno de Maura movilizó a los reservistas, lo que desencadenó la Semana Trágica de Barcelona. Esta fue una sublevación obrera en Barcelona contra el embarque de los reservistas que produjo enfrentamientos entre los huelguistas, el ejército y la policía, con el asalto y quema de edificios religiosos por parte de las clases populares. El gobierno respondió con una dura represión, que ocasionó un centenar de muertos y el procesamiento irregular del anarquista Ferrer i Guardia, cuya ejecución desencadenó protestas internacionales que obligarían a Maura a dimitir.
El Desastre del Barranco del Lobo
El desastre del Barranco del Lobo, simultáneo a la Semana Trágica, evidenció la impopularidad de la guerra y la incapacidad del ejército para someter a la resistencia rifeña. En los años siguientes la situación se calmó y la guerra continuó con altibajos, permitiendo el avance español en Marruecos y logrando crear un protectorado. El hecho que permitió la ocupación española era más la desunión de las cabilas que la eficacia del ejército.
El Desastre de Annual (1921)
En 1921 tiene lugar el Desastre de Annual. La intención de controlar el Rif lleva a que una operación mal planteada por el militar Fernández Silvestre y la rebelión de las cabilas, dirigidas por Abd el-Krim, acabe en la derrota de Annual, con 10.000 soldados muertos, la pérdida de las posesiones españolas en el Rif y la posibilidad de que Melilla cayera en manos de las cabilas.
Repercusiones de Annual
El ejército se dividió entre africanistas, partidarios de seguir la guerra en Marruecos, y peninsulares, partidarios de abandonar el conflicto. En cualquier caso, los militares acusaban a los políticos de exigir resultados sin proporcionarles los medios. La clase política y la Corona tampoco salían bien paradas. Aunque el Expediente Picasso no mencionó a la Corona, la opinión pública la acusó de incitar la acción. El golpe de Primo de Rivera dejó en suspenso la investigación de las responsabilidades de Annual.
El Desembarco de Alhucemas (1925)
El triunfo de Abd el-Krim sobre los españoles hizo que este proclamase la República independiente del Rif y atacase a las tropas francesas. Esto llevó a la colaboración de España y Francia para acabar con líder rifeño, que fue derrotado, por lo que la zona quedó pacificada y finalizaba la guerra de Marruecos. Primo de Rivera acababa con uno de los principales problemas de España en el primer tercio del siglo XX.