Características del Arte Románico: Arquitectura y Pintura en España
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El Templo Románico y su Tipología
A finales del siglo X y en el siglo XI se suele emplear la planta basilical con tres naves y crucero. A partir de mediados del siglo XI se generaliza la planta de cruz latina: el brazo longitudinal es más ancho y suele constar de tres o cinco naves, mientras que el brazo transversal o corto presenta una o tres naves. El punto de intersección entre ambos brazos constituye el crucero. En la cabecera de la nave central se ubica el ábside, de planta semicircular.
Los accesos al templo se sitúan a los pies de la nave central y en los extremos del crucero, configurando un total de tres portadas o fachadas. Por su parte, en las iglesias de peregrinación, las naves laterales se prolongan tras el altar mayor formando un deambulatorio o girola, pasillo que rodea la cabecera para permitir el tránsito y visita a las reliquias.
El Alzado y las Soluciones Constructivas
A finales del siglo X las cubiertas se construían habitualmente con techumbres de madera. Ya en el siglo XI se generaliza el uso de bóvedas de piedra. Dado su enorme peso, los constructores adoptaron cuatro procedimientos fundamentales:
- Aumentar notablemente el espesor de los muros y reducir o eliminar vanos.
- Disponer arcos de refuerzo (fajones) bajo las bóvedas.
- Sustituir las columnas que separan las naves por robustos pilares.
- Incorporar refuerzos exteriores macizos conocidos como contrafuertes.
En este periodo, las columnas ya no mantienen las proporciones clásicas; se emplea de forma generalizada el arco de medio punto y el arco peraltado. La nave central presenta mayor altura que las laterales, permitiendo abrir pequeños vanos o claristorios en ese desnivel. Las naves laterales suelen cubrirse con bóvedas de cañón o de arista, mientras que los ábsides se rematan con bóvedas de cuarto de esfera (de cascarón u horno). En el exterior, sobre el crucero, se alza frecuentemente una torre de planta cuadrangular denominada cimborrio.
Arquitectura Románica en España
En la evolución de la arquitectura románica española se distinguen dos etapas principales:
1. Románico Primitivo (Siglo X a mediados del Siglo XI)
Destaca notablemente la Escuela de Cataluña, caracterizada por el empleo de sillarejo y mampostería, la recurrencia de la planta basilical, naves centrales techadas en madera a dos aguas y ornamentación de influencia lombarda (arquerías ciegas y bandas lombardas).
- San Pedro de Roda (Sant Pere de Rodes): reúne todas las características del periodo, con dos torres articuladas en registros horizontales mediante bandas lombardas.
- Santa María de Ripoll: ejemplo monumental que compendia todos los rasgos característicos del primer románico catalán.
- Criptas del Camino de Santiago: manifiestan una acusada pervivencia de la tradición prerrománica.
2. Románico Pleno (Siglos XI al XII)
Se consolida y generaliza la planta de cruz latina, en la cual el crucero sobresale de manera manifiesta en planta.
- San Clemente de Tahull (Sant Climent de Taüll): ubicado en Cataluña; parte de una planta basilical que tiende a insinuar el crucero hacia la tipología de cruz latina. Cuenta con una esbelta torre campanario con vanos superpuestos de influencia lombarda y factura en sillarejo.
- Santa María de Eunate: situada en Navarra, presenta una singular planta octogonal con ábside (con influencia de la Cúpula de la Roca o del Santo Sepulcro de Jerusalén), cubierta abovedada con nervios y una arquería claustral exterior exenta que circunda la iglesia.
- Catedral de Santiago de Compostela: cumbre del románico en Galicia; dispone de dos torres campanario en fachada, contrafuertes prominentes, planta de cruz latina con naves laterales, tribuna sobre ellas, girola con capillas radiales y arcos fajones tanto de medio punto como peraltados.
Pintura Románica
Las iglesias románicas no presentaban originariamente el aspecto pétreo y desnudo que muestran en la actualidad. Tanto los capiteles escultóricos como las portadas exteriores contaban con un rico acabado policromado. En el interior, paramentos y bóvedas se cubrían íntegramente con brillantes pinturas murales al fresco y al temple.
Dado que esta pintura no pretendía recrear fielmente el mundo sensible ni guardar proporciones realistas, sino transmitir un mensaje teológico, simbólico y espiritual, fue durante siglos infravalorada e incluso destruida o encalada. Su revalorización artística llegó a principios del siglo XX, coincidiendo con la ruptura de las vanguardias (especialmente el cubismo) frente al naturalismo mimético y con su admiración hacia formas sintéticas como el arte tribal africano o el propio románico medieval, sumado al redescubrimiento y rescate de grandes ciclos murales.