La casa de Bernarda Alba: Simbolismo y Espacio Escénico en el Drama de Lorca

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La casa de Bernarda Alba: Ruptura y Simbolismo en el Drama Lorquiano

Aunque comúnmente se la clasifica como la tercera tragedia de Lorca, La casa de Bernarda Alba es, en esencia, un drama. La tragedia clásica se distingue por la presencia de un coro, la ausencia de un argumento predefinido, una acción trágica inevitable y la aparición de fuerzas míticas. La casa de Bernarda Alba, en cambio, se configura como un drama que emana directamente de las convenciones sociales y la represión.

A primera vista, la obra podría parecer cercana a las convenciones teatrales de su época. Sin embargo, es una de las más anómalas de Lorca. Se sitúa en un género que, aunque responde a las expectativas iniciales del espectador, las va alterando progresivamente. Desde su propio título, la obra nos introduce en un "drama de mujeres en los pueblos de España", un género de interior que dominaba los escenarios en los años 30 y que solía retratar la vida burguesa.

Elementos de Ruptura y Desfamiliarización

Desde el principio, una serie de rasgos nos indican que estamos ante algo diferente, fuera de los cánones establecidos:

  • El escenario: Un salón de una casa rural, pero se nos describe que en las paredes aparecen “cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas y reyes y leyendas” en lugar de ventanas.
  • La decoración: Al hablar de las habitaciones, se menciona que están decoradas de un modo particular: “he visto los cuadros bordados de nuestra abuela”. La referencia a un cuadro que no vemos, pero se describe como “El Aduanero”, busca desfamiliarizarnos, lo que implica una clara ruptura con lo convencional.

La Estética Visual: Blanco y Negro y sus Interrupciones

Otra característica que rompe con las convenciones es la estética en blanco y negro que impregna toda la obra, como Lorca mismo señala: “estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico”. Esto la aleja de las representaciones teatrales tradicionales de la época y la acerca al lenguaje del cine y la fotografía.

Lorca aclara que esta estética no es inmutable, sino que se ve interrumpida en ocasiones. Son interrupciones fugaces, pero con un significado claro y momentos altamente simbólicos. Por ejemplo, el abanico de flores rojas y verdes de Adela o su vestido verde, que contrastan con la sobriedad dominante.

El Espacio Escénico como Símbolo de Encierro

Además, varios elementos visuales alteran la familiaridad del espacio. Uno de ellos son los límites del recinto escénico. Tradicionalmente, se utilizaban biombos y decorados laterales para simular paredes o huertas.

Los Muros Infranqueables

Lorca, sin embargo, transforma estos decorados laterales en protagonistas significantes de la obra. Habla de “muros” para enfatizar su carácter infranqueable. Estos muros y paredes se vuelven omnipresentes en los diálogos de los personajes, simbolizando el encierro, la opresión y la imposibilidad de escapar.

La Interiorización del Drama

Otro aspecto es el cambio de escenario (habitación) en los distintos actos, aunque las diferencias son casi inexistentes. Con estos sutiles cambios, Lorca busca provocar un proceso de interiorización, llevando al espectador a una sensación de encierro cada vez mayor. A medida que los personajes hablan, se nos informa de que las habitaciones visibles para el espectador son meras zonas de paso. Lo verdaderamente importante no se ve, no ocurre en estas estancias mostradas, sino en zonas más interiores, negadas al espectador. Por ejemplo, los personajes oyen voces “de dentro”, lo que acentúa la sensación de lo oculto.

El Conflicto entre lo Visible y lo Oculto

Esto responde al tema central de la obra: el conflicto entre lo oculto y lo reprimido frente a lo que se manifiesta. El espacio escénico, por tanto, refleja este mismo conflicto.

En contraste con la comedia burguesa, donde lo fundamental sucede en lo visible y lo no visto carece de importancia en la trama, para Lorca, lo que ocurre en las habitaciones invisibles solo se conoce por menciones. El verdadero drama se desarrolla en esos lugares que no vemos: los dormitorios y la zona del corral.

Dormitorios y Corral: Espacios Contrapuestos

Estos dos espacios a menudo se contraponen. En los dormitorios, donde “hay camas de acero”, las hijas de Bernarda bordan ropa de cama. La cama, asociada al bordado, adquiere connotaciones sexuales, desplegando el deseo erótico reprimido de los personajes en estas “camas de acero”.

Frente a los dormitorios, se opone la zona del corral, donde se desarrolla la parte final de la obra. Las ventanas, que deberían abrir la casa al exterior, también se nos niegan, reforzando la idea de un encierro total y la ausencia de libertad.

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