El Castigo de los Indiferentes y el Simbolismo del Río Aqueronte en la Divina Comedia

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El Castigo de los Indiferentes en el Infierno de Dante

La indiferencia es un castigo desesperante, y es preferible estar en el infierno mismo a estar en esta “vida ciega” en la que permanecerán anónimos. El castigo físico de estas almas consiste, en primer lugar, en correr tras una bandera sin insignia, sin poder detenerse jamás y sin poder alcanzarla nunca. En su vida no fueron capaces de perseguir ningún ideal; como castigo, ahora deberán seguir algo que no simboliza ningún ideal.

La Naturaleza del Sufrimiento y el Contrapasso

En segundo lugar, las almas están desnudas y, por lo tanto, expuestas a todo sufrimiento. Prefirieron la comodidad de no arriesgarse, ya que tomar decisiones implicaría sufrir. Ahora tendrán que pagar sufriendo sin ningún motivo. La tercera parte del castigo son los tábanos y las avispas que los persiguen picándolos. Esto podría verse como símbolo de aquellos incentivos que se presentaron en la vida y que ellos prefirieron ignorar.

En la multitud, el protagonista reconoce algunos rostros, pero no los identifica para el lector, manteniendo el silencio que debe pesar sobre ellos. Se llama contrapasso a la simetría entre el castigo y el pecado; en este caso, se aplica de forma casi perfecta:

  • A la indiferencia de los condenados corresponde la indiferencia del cielo, el infierno y la poesía.
  • A la pasividad corresponde el movimiento constante.
  • A su egoísmo corresponde el dar sangre y lágrimas para nada.

El Cruce del Río Aqueronte

El canto se cierra cuando Dante y Virgilio cruzan el río Aqueronte (río del dolor). Este es el primer accidente geográfico que aparece en el Infierno. Como muchos otros elementos de la Divina Comedia, Dante lo tomó de la mitología clásica.

Origen Mitológico y Paisaje Infernal

Según la mitología griega, Aqueronte fue un dios al que Zeus castigó enviándolo como río al Hades por haber dado de beber a los titanes cuando estos se enfrentaron en guerra contra los dioses olímpicos. Su corriente era oscura y nadie podía atravesarlo dos veces; tampoco lo cruzaba ningún ser vivo.

Del río mítico, el poeta destaca especialmente la oscuridad del agua y la integra al paisaje infernal. Como nota terrible, el narrador incorpora diversas sensaciones físicas (resuena fuerte el viento y se ve un relámpago rojo) que confirman que aquella comarca es un lugar de dolor, tal como se anunció en la puerta del Infierno.

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