La Celestina: Trama, Intención Moral y Crítica Social de Fernando de Rojas

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Argumento y Trama de La Celestina

Calisto requiere de amores a Melibea y esta lo rechaza airadamente. Calisto se refugia en su casa y pide ayuda a su criado Sempronio. Este le ofrece llamar a Celestina, vieja alcahueta experta en las lides del amor.

La Intervención de Celestina y el Engaño

Una vez aceptado el encargo de Calisto, Celestina se dirige a su casa y conjura al diablo para que le ayude a convencer a Melibea. Ya a solas con la muchacha, Celestina la persuade para que le ceda un cordón de su vestido para Calisto. Melibea, aunque disimula su interés por el joven, ya ha entrado en el juego y queda en secreto con la vieja para el día siguiente, prometiéndole entonces una oración para el supuesto dolor de muela de Calisto. Esto no pasa desapercibido para la criada de Melibea.

Al día siguiente, Melibea manda llamar a la vieja porque ya no puede disimular más su amor por Calisto, e incluso piensa que ha tardado demasiado y el joven puede estar amando a otra mujer. Melibea se queja de que su condición de mujer la obliga socialmente a ocultar sus sentimientos y esperar pasivamente a ser solicitada por el varón.

El Pago y la Tragedia de los Criados

Así se concierta la primera entrevista de los amantes en la misma noche. Celestina recibe el pago de su trabajo: cien monedas de oro y una valiosa cadena.

Mientras Calisto habla con Melibea en esta primera cita (en la que pueden hablarse, pero no verse), sus criados Pármeno y Sempronio reclaman su parte del pago a la vieja. Celestina se niega a compartir sus ganancias con ellos y la matan a cuchilladas. A los gritos de Celestina acuden Elicia y los vecinos. Pármeno y Sempronio intentan huir saltando desde unas grandes ventanas, pero caen y quedan medio muertos. Al amanecer del tercer día, los ajustician en la plaza pública.

El Encuentro Fatal y el Desenlace

Calisto se desentiende de todo, pues no quería que nada ni nadie estorbara su encuentro con Melibea, a la que vería por fin esa misma noche dentro de su jardín.

Al llegar la noche, los amantes se encuentran en el jardín de Melibea. Aunque esta pretende contener la pasión de su amante, limitándola a los típicos escarceos cortesanos, Calisto consigue su voluntad. Melibea, aunque tarde, se lamenta de su reflexión.

Las pupilas de Celestina, Elicia y Areúsa, pretenden vengarse de los amantes y contratan a un matón, Centurio, para que acabe con Calisto. Estando los amantes en el jardín, oyen el alboroto de la calle. Calisto se asoma por la tapia para ver si corren peligro sus criados y se resbala y se mata. Melibea, desesperada, se suicida arrojándose desde una torre, ante el dolor de su padre Pleberio, que ha acudido en ayuda de su hija.

El llanto de Pleberio cierra la obra con una reflexión moral sobre el loco amor y el poder de las mujeres hechiceras, que socavan la inocencia de las doncellas.

Intención de Fernando de Rojas al Escribir la Obra

La obra se cierra con una reflexión sobre “el loco amor” que, incontrolado, pierde a los jóvenes y los conduce a la desesperación. Este final cierra un círculo que ha empezado con unas reflexiones al principio de la obra en las que Rojas hace referencia a la pasión amorosa que hace sufrir a los seres humanos.

Desde este punto de vista, La Celestina tendría una intención moralizante, es decir, combatir contra el amor irreflexivo y pasional, castigando con la muerte a los protagonistas de su obra. Sin embargo, La Celestina, igual que sucedía en el Libro de Buen Amor, también se maravilla ante su fuerza incontrolable y ciega.

Crítica Social y Religiosa en La Celestina

Rojas era hijo y yerno de judíos conversos. A la fuerza, habría vivido en el seno de su familia la frustración que supone tener que abandonar la religión y costumbres ancestrales para tener que abrazar nuevas formas de vida ante la amenaza de ser expulsado de España y perder todo lo suyo.

Sin embargo, Rojas, como todos los cristianos nuevos, observaba amargamente cómo aquellos que les obligaban a cambiar de religión no cumplían los preceptos básicos de la suya propia.

La Hipocresía de la Sociedad Cristiana

A partir de aquí, Rojas demuestra cómo sus personajes que presumen de “clara sangre” incumplen todos y cada uno de los mandamientos cristianos:

  • Matan y roban.
  • No guardan la castidad (ni los clérigos ni los seglares).

Nadie hace lo que predica, aunque obligue a los demás a cumplirlo. Esta cínica visión del mundo la resume Sempronio cuando dice a Calisto: “Haz tú lo que bien digo y no lo que mal hago.”