El Cesarismo y su Legado Imperial: De Roma a la Pax Britannica y el Mito de Prometeo
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El Cesarismo: Evolución y Legado del Poder Personal
El Cesarismo, una forma de gobierno basada en la autocracia o poder personal, se convirtió, a partir de la Antigua Roma, en un modelo que no se agotó en el siglo V d. C. En Bizancio, el título imperial romano continuó existiendo unos mil años más.
En el siglo IX, el rey de los francos, Carlomagno, fue nombrado emperador de los romanos con el título de Imperator Augustus. En el siglo X, en el Sacro Imperio Romano Germánico, el nombre de César sería sinónimo de emperador bajo la forma Kaiser, derivada de la forma latina Caesar.
En el siglo XVI, apareció en la Europa Oriental la forma eslava Tsar, que dio lugar al título imperial ruso Zar, también a partir de la forma latina Caesar. Durante el período de gobierno de Napoleón, el águila imperial fue adoptada como símbolo del Imperio Francés, haciendo alusión al antiguo estandarte de las legiones romanas.
El Imperio Británico: Expansión y Protección Ciudadana
En el siglo XIX, se desarrolló un tipo de imperio que combinaba la expansión territorial con la libertad ciudadana. El inglés Lord Palmerston equiparaba el imperio británico con el romano, en cuanto al nivel de protección y garantía jurídica que la ley le proporcionaba.
De hecho, su política fue conocida como la de Civis Romanus sum. En esta línea, se revitalizó el concepto de Pax Romana (de la época de Augusto), para acuñar el nuevo término de Pax Britannica.
Prometeo: El Titán Benefactor de la Humanidad
Prometeo fue el Titán que modeló al hombre con arcilla, al que después Atenea le daría la vida con su soplo. Quizá por esta razón, acudía en ayuda de la humanidad cada vez que era castigada por Zeus.
Como benefactor del hombre, Prometeo le proporcionó el fuego, símbolo de la civilización. Aunque por este robo, Zeus volvió a castigar a la humanidad con la creación de Pandora, la mujer que trajo todos los males a la Tierra.
Finalmente, Zeus también castigó al propio Prometeo haciendo que Hefesto le encadenara a una roca en el Cáucaso y que un águila le devorara cada noche el hígado. Al tratarse de un inmortal, el hígado se regeneraba cada mañana, y el castigo debía ser para toda la eternidad.