Clases populares como fuerza de choque

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Con más de 13.000 bajas y grave peligro para la plaza de Melilla.
Paralelamente a estos sucesos España vivíó durante este periodo graves crisis socioeconómicas en la
que destacan la Semana Trágica de Barcelona y la crisis de 1917.
La cuestión de Marruecos provocó el descontento popular a causa de los reclutamientos forzosos de
tropas. La movilización de reservistas agudizó el clima de tensión social: socialistas y anarquistas convocaron
una huelga general y el gobierno respondíó deteniendo a los cabecillas socialistas y prohibiendo su prensa. A
pesar de ello se hizo un llamamiento para la huelga general para el 26 de Agosto de 1909.
Pero esa huelga derivó en una revuelta popular que desbordó el objetivo inicial de protesta contra la
guerra de Marruecos y acabó siendo un estallido espontáneo de todas las tensiones sociales acumuladas. Los
incidentes en la calle se multiplicaron, se levantaron barricadas, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas
de orden público y explotó un fuerte sentimiento anticlerical que desembocó en el ataque e incendio de más de
80 centros religiosos. Las autoridades respondieron declarando el Estado de guerra y enviando refuerzos para
reprimir las manifestaciones. Los sucesos violentos no fueron controlados hasta el 2 de Agosto.
La represión posterior fue muy dura por parte del Gobierno de Maura: miles de detenciones y diecisiete
condenas a muerte, aunque sólo se ejecutaron cinco.
Posteriormente el estallido de la I Guerra Mundial y la postura de neutralidad adoptada por España
supuso una extraordinaria oportunidad para la economía de país ya que permitíó exportar productos
industriales y agrarios a los países en guerra. Los grandes beneficiados de esta situación fueron los
empresarios industriales catalanes, vascos y asturianos así como los grandes terratenientes castellanos. Sin
embargo, al dedicarse gran parte de la producción a la exportación, los precios interiores experimentaron un
incremento considerable, que no fueron acompañadas de subidas de salarios. La carestía de la vida se
convirtió en un problema para las clases populares. El descontento social fue creciendo de manera imparable y
las organizaciones obreras encabezaron una protesta cada vez mayor que desembocó en el movimiento
huelguístico del verano de 1917.

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