La compatibilidad entre la existencia de Dios y el mal en Santo Tomás
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Noción 4: Existencia de Dios y existencia del mal
En sus objeciones, Santo Tomás de Aquino toma en consideración el argumento de los escépticos para demostrar que Dios no existe, ya que resulta incompatible su existencia como bien absoluto con la existencia del mal. Dicha objeción aparece desde el inicio de la filosofía y ha permanecido como una constante en la teología filosófica.
La naturaleza del mal
Santo Tomás admite que realmente hay mal en el mundo y, siguiendo a San Agustín, considera que el mal no es una entidad positiva, sino una privación o ausencia de algo bueno y, por lo tanto, no puede haber sido creado.
¿Por qué Dios permite el mal?
¿Habría que pensar que Dios quiso el mal en algún sentido, puesto que creó un mundo en el que preveía su existencia? Para Santo Tomás, Dios no quiere el mal, sino que tan solo lo permite para que de él surjan grandes bienes. El mal es la condición de posibilidad de que un bien posterior se realice.
1. El mal físico
En relación con el mal físico, Dios no quiso el sufrimiento como tal, pero quiso que la naturaleza (un bien) llevase en sí la capacidad de sufrir. Dios permitió el mal físico (sufrimiento y muerte) por razón de un bien mayor: el bien del universo entero. La perfección de esa obra requiere la existencia de seres mortales con capacidad sensitiva de experimentar dolor.
2. El mal moral
En relación con el mal moral, Dios no quiso el desorden ni el pecado en ningún sentido, pero los permitió en razón de un bien superior: la libertad humana. El hombre puede amar y servir a Dios por su propia elección:
- La libertad es un bien supremo.
- Hace al ser humano más parecido a Dios.
- Si Dios hubiera impedido el mal moral, habría anulado la libertad humana, perdiéndose este bien mayor.
Conclusión
Tomás considera que el mal no es algo absoluto, sino que está dentro del contexto del bien. No puede decirse que Dios haya querido el mal físico ni moral. Por todo ello, la existencia del mal no supone una objeción válida para la existencia de Dios.