Comportamiento Animal: Conductas Innatas, Instintos e Impronta
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1. Las conductas innatas
1.1 Reflejos incondicionados
Son respuestas innatas, elementales e inmediatas que el organismo emite ante determinados estímulos; por lo general, no afectan a todo el cuerpo, sino solo a una parte de él.
A este tipo de conductas, automáticas e involuntarias, en las que no interviene la corteza cerebral, se les llama reflejos.
La estructura fisiológica responsable de los reflejos es el circuito o arco reflejo, constituido por:
- Receptor sensorial.
- Neuronas aferentes: transmiten el impulso nervioso hasta el centro de control.
- Neuronas de conexión.
- Neuronas eferentes o motoras: conducen el impulso hasta el músculo correspondiente.
1.2 Instinto
Es una forma de comportamiento habitual en una especie que afecta al organismo entero y no solo a una parte de él. Por tanto, en la conducta instintiva interviene necesariamente el cerebro como principal centro de coordinación.
Los rasgos que definen una conducta instintiva son:
- Innata: es decir, transmitida genéticamente y no aprendida.
- Estereotipada: consiste en pautas fijas, invariables en su forma y orden de ejecución.
- Específica: común a todos los miembros de una especie.
- Automática: se desencadena ante ciertos estímulos y, una vez iniciada, continúa hasta su terminación.
Estas conductas tienen un claro valor de supervivencia, unas veces referido al individuo y otras a la especie.
1.3 La impronta
Puede definirse como el aprendizaje de reconocimiento de un estímulo, al principio de la vida, para desencadenar ante él una respuesta innata. En la impronta se da una combinación de innatismo y aprendizaje, aunque predomina claramente el primero: el individuo nace con una predisposición innata a responder a un estímulo de cierto tipo y a fijar como definitivo el primero que se perciba.
Características principales:
- Período sensible: el tiempo en que puede adquirirse suele ser breve.
- Estabilidad: una vez adquirida, la impronta es muy estable e incluso irreversible. Este hecho se refiere no solo a la conducta de apego en sí misma, sino también a los efectos sociales y sexuales de la misma.
En definitiva, la impronta es, en condiciones normales, el primer aprendizaje por el que un individuo se reconoce como perteneciente a una especie y sexo determinados. En caso de fallar estas condiciones, las consecuencias conductuales son irreversibles o muy difícilmente rectificables.