El Concepto de Ciudadano en la Antigüedad: Grecia y Roma
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Origen del Concepto de Ciudadanía: Una Definición Usual
Según la definición habitual, la ciudadanía parece tener estos rasgos:
- La pertenencia a una comunidad que se asienta de un modo permanente en un territorio.
- El disfrute de unos derechos que deben ser protegidos por la ciudad o el Estado.
- La posibilidad de participar en las tareas de gobierno de la propia comunidad política, de forma directa o indirecta.
La Ciudadanía en la Antigüedad Grecolatina
En el derecho romano, el término civis estaba reservado para ciertos miembros de la comunidad, como los varones libres, mayores de edad, nacidos de padres romanos, etc. Las mujeres, los esclavos, los extranjeros y otros grupos no eran considerados ciudadanos y tenían reconocidos menos derechos.
En Grecia se utilizó el término polites para referirse al ciudadano, que era el miembro de la comunidad política que reunía los requisitos exigidos. En algunas ciudades griegas, los ciudadanos llegaron a tener un gran protagonismo porque podían participar activamente en el gobierno de la polis (la ciudad-Estado) a través de la democracia.
Tanto en Grecia como en Roma, el ciudadano era alguien reconocido como dotado de un conjunto de derechos y deberes. Se destacaba especialmente el deber de defender a la ciudad, empuñando las armas si era necesario.
La Ciudadanía en la Democracia Griega: La Tradición Política
Ser ciudadano significaba, sobre todo, participar activamente en la política. Este tenía la responsabilidad de acudir a la Asamblea y tomar parte en los debates públicos acerca de los problemas de la ciudad. Las reuniones se celebraban unas 40 veces al año en el ágora.
La mayor parte de los cargos públicos se asignaba mediante sorteo, para ser ejercidos por un año. Para estimular la participación de los ciudadanos pobres, se establecieron varios incentivos económicos con los que se pagaba la asistencia a la Asamblea y el desempeño de los cargos. La edad mínima para ser admitido como ciudadano era de 30 años.
Para los griegos, ser ciudadano era, sobre todo, ocuparse de las cuestiones públicas. Esto se hacía mediante la deliberación: una discusión abierta en la que se intercambiaban argumentos, razones y opiniones hasta alcanzar juntos un acuerdo acerca de lo que convenía hacer en cada caso. Este proceso se completaba con la votación.
La participación en la Asamblea se regía por tres principios fundamentales:
- Isonomía: Igualdad ante la ley. Todo ciudadano tenía los mismos derechos y deberes básicos que cualquier otro.
- Isegoría: Igualdad de palabra. Todo ciudadano tenía el mismo derecho que cualquier otro a hacer uso de la palabra y expresar su opinión ante la Asamblea.
- Koinonía: Comunidad de cooperación para alcanzar el bien público (el bien de todos), en lugar de centrarse en el bien particular. Se distinguía claramente entre lo particular y lo común.
La Ciudadanía en la Antigua Roma: La Tradición Jurídica
La ciudadanía era el reconocimiento legal de algunas personas como miembros de pleno derecho de la República y, más tarde, del Imperio. El ciudadano era aquel que gozaba de la protección jurídica otorgada por las leyes y las instituciones. Según el jurista Gayo, el ciudadano es el que actúa bajo la ley y espera la protección de la ley a lo largo y ancho de todo el imperio.
Mientras que el ciudadano griego era concebido principalmente como un sujeto activo al que se le exigían responsabilidades de gobierno, en Roma la ciudadanía se entendía más bien como un título jurídico que permitía reclamar ciertos derechos y gozar de protección legal.