Conceptos Fundamentales de la Filosofía Platónica: De la Creencia a la Dialéctica

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Conceptos Fundamentales de la Filosofía Platónica

Creencia (pístis)

Grado de conocimiento, propio de la física, que se corresponde con la certeza sensible y que se basa en la percepción directa de las cosas tal y como las captan los sentidos. La creencia es, pues, un grado de conocimiento superior a la imaginación, que no trata sino con imágenes de las cosas sensibles. Ambas son conocimiento de lo sensible y, por tanto, dos grados de la opinión.

Dialéctica (dialektike)

Método para aprehender, de manera sistemática, la auténtica realidad —las Ideas— a través de la argumentación y el diálogo, y sin desistir en su progreso hasta alcanzar, con el solo auxilio de la inteligencia, sin intervención de los sentidos y sin aceptar ningún supuesto, el principio mismo: la Idea del Bien. Quien la domina ha de ser capaz de dar cuenta de la esencia misma de cada cosa tanto a sí mismo como a los demás. La dialéctica es para Platón la disciplina más elevada. Con ella se alcanza el máximo grado de conocimiento, la ciencia. La dialéctica, que ha de practicarse tras la preparación previa de las ciencias propedéuticas, constituye la última fase de la educación filosófica de quienes han de gobernar la pólis.

Educación (paideia)

Proceso integral de formación del ciudadano que debe llevarlo desde la ignorancia al conocimiento y que incluye, en sentido amplio, su formación física, intelectual y moral. Platón nos presenta la educación del futuro gobernante como una tarea difícil y gradual que este ha de llevar a cabo bajo la supervisión del Estado. En este proceso se irá seleccionando a los hombres y mujeres más capacitados a través de las diferentes etapas de una larga ascensión que debe culminar, a los 50 años, con la contemplación de la Idea del Bien.

Gobernantes (arkhontes)

Ciudadanos que dirigen el Estado. En el modelo de pólis que propone Platón, los gobernantes son los hombres y mujeres que, tras un largo proceso educativo, deben asumir, por turnos, la tarea de dirigir la ciudad con la Idea del Bien como criterio y como modelo, y asumiendo esta tarea no tanto por honrosa como por ineludible. Para atender adecuadamente al bien común, los gobernantes deben ser filósofos y vivir comunitariamente, sin familia ni bienes propios. Forman, para Platón, el principal estamento de la pólis, que se completa con los guerreros y los productores.

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