Conflicto Carlista: Historia y Transformación Política en la España del Siglo XIX
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La Guerra Civil Carlista
Tras la muerte del rey, se desató una guerra civil en España. La nueva disposición cambió la situación, ya que la hija mayor del rey podía ahora heredar el trono; esto significaba la pérdida de todas las opciones al trono para el infante Carlos María Isidro, respaldado por los absolutistas más intransigentes. Ante el aumento de la protesta de don Carlos, el rey Fernando VII obligó a su hermano a marchar a Portugal, destituyó de sus cargos al frente del ejército a destacados partidarios del infante y ordenó una amnistía política para todos los liberales presos o exiliados fuera del país. Después del fallecimiento de Fernando, Carlos reclamó los derechos a la corona. Posteriormente, se produjeron numerosos levantamientos armados en favor de don Carlos, dando comienzo a una guerra civil entre carlistas e isabelinos.
Bandos en conflicto
- Bando isabelino: Recibió el respaldo mayoritario de la clase media urbana y de los empleados públicos, así como de casi todos los individuos pertenecientes a los grupos dirigentes y más poderosos. María Cristina de Nápoles pasó temporalmente a asumir la regencia.
- Carlistas: Respaldados por los pequeños nobles rurales, el bajo clero y los oficiales más reaccionarios dentro del ejército. Estos grupos sociales preferían la estabilidad y la seguridad que encontraban en el tradicionalismo carlista. El programa político carlista se resumía en su lema: "Dios, Patria, Fueros y Rey", basándose en:
- La defensa del absolutismo regio.
- El integrismo religioso.
- El mantenimiento de los fueros vascos y navarros.
- El inmovilismo.
- La fidelidad a la patria.
Etapas de la guerra
Primera etapa
Tomás Zumalacárregui, al mando de los 35.000 hombres del ejército carlista, empleó tácticas guerrilleras y logró controlar grandes espacios rurales en las provincias vascas y en Navarra, aunque no llegó a ocupar ninguna gran ciudad y murió mientras intentaba tomar Bilbao. Por su parte, el general Ramón Cabrera dirigió a las tropas carlistas, formadas tan solo por unos 5.000 hombres, en la región valenciano-aragonesa.
Segunda etapa
Tras su éxito en Bilbao, el general liberal Baldomero Espartero accedió al mando supremo del ejército isabelino. Los carlistas realizaron varias expediciones, penetrando en el sur de la península para extender los combates a otros territorios.
Tercera etapa
El bando carlista, desmoralizado por los enfrentamientos internos entre sus jefes, terminó por dividirse en dos facciones opuestas: los ultras, más duros, que se negaban a aceptar cualquier intento de solución pacífica, y los carlistas más moderados, que se mostraban favorables a un pacto con los isabelinos. La guerra civil concluyó con la victoria de las tropas liberales isabelinas, la huida de don Carlos a Francia y la firma del Convenio de Vergara en 1839.
La cuestión foral
La guerra concluyó con la firma del Convenio de Vergara, donde predominó la búsqueda de reconciliación entre ambos bandos y el deseo de reintegrar a los carlistas en el sistema político. Los isabelinos reconocieron los grados de los oficiales y mandos que habían servido en el bando carlista para facilitar su reinserción. En 1841, Navarra perdió su aduana, sus privilegios fiscales, sus exenciones militares y sus instituciones propias de autogobierno; las tres provincias vascas también perdieron algunos de sus viejos y tradicionales privilegios forales.