La consolidación del liberalismo en España: del Estatuto Real a la Constitución de 1837
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La regente buscó atraer a los liberales y nombró a Martínez de la Rosa, quien aprobó el Estatuto Real de 1834. Este documento creó unas Cortes sin poder real, cuya función era meramente consultiva ante el monarca, careciendo de capacidad legislativa.
Conflictos sociales y el auge del anticlericalismo
Paralelamente, el país se vio inmerso en la guerra carlista y en graves problemas sociales, caracterizados por:
- Protestas y motines populares.
- Quema de monasterios.
- Un creciente anticlericalismo, derivado del apoyo de la Iglesia al carlismo y su gran acumulación de tierras.
Durante el gobierno del conde de Toreno, Mendizábal, como ministro de Hacienda, impulsó el cierre de conventos con pocos religiosos y la expulsión de los jesuitas, lo que provocó la ruptura de relaciones con el Papa.
El ascenso de los progresistas y la Constitución de 1837
El descontento social derivó en la formación de juntas que exigían la Constitución de 1812. Ante esta situación, la regente nombró jefe de gobierno al progresista Mendizábal, con el objetivo de ganar la guerra carlista y aplicar reformas liberales, tales como:
- La convocatoria de Cortes.
- La desamortización de tierras eclesiásticas.
- La supresión de órdenes religiosas.
La oposición de los moderados provocó su destitución, desencadenando revueltas y el Motín de La Granja, que obligó a restablecer la Constitución de 1812. Posteriormente, bajo el gobierno de Calatrava y con Mendizábal en Hacienda, se consolidó el régimen liberal con la aprobación de la Constitución de 1837, que incluía:
- Soberanía nacional y división de poderes.
- Reconocimiento de derechos fundamentales.
- Mantenimiento de la religión católica.
- Cortes bicamerales y amplios poderes para el rey.
Reformas económicas y el fin de la regencia
Se implementaron leyes clave como la libertad de imprenta, el juicio por jurado y un sufragio muy limitado. En el ámbito agrario, se abolieron los señoríos, se eliminaron los mayorazgos y se ejecutó la desamortización de tierras de la Iglesia para financiar al ejército y reducir la deuda, aunque las tierras terminaron en manos de las élites. Asimismo, se eliminaron los diezmos, los gremios y los privilegios de la Mesta.
Finalmente, el posterior gobierno moderado, que frenó las reformas y restringió libertades, provocó una insurrección progresista liderada por Espartero. Este movimiento triunfó, forzando el exilio de María Cristina en 1840 y consolidando un gobierno progresista.