La Constitución de 1876: Pilares del Sistema de la Restauración y Oposiciones Políticas

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La Constitución de 1876: Fundamentos y Características

El proyecto constitucional fue discutido en las Cortes de 1876, elegidas por sufragio universal masculino. El texto definitivo fue aprobado por amplia mayoría. Inspirada en la Constitución de 1845, también recogía la defensa de los derechos y libertades de 1869, una defensa que no se concretaría hasta los diferentes gobiernos.

Se trataba de una Constitución relativamente flexible, a medio camino entre la moderada de 1845 y la democrática de 1869. Establecía los siguientes puntos clave:

  • La soberanía compartida entre las Cortes y la Corona.
  • El rey era inviolable; le correspondía el poder ejecutivo, que ejercía a través del Gobierno, a cuyo presidente nombraba y destituía, y la iniciativa legislativa con derecho a veto sobre el Parlamento.
  • Las Cortes eran bicamerales, con un Senado formado por minorías privilegiadas (parte de carácter vitalicio y parte elegida cada cinco años) y un Congreso de los Diputados elegido por sufragio censitario.
  • Reconocía la religión católica como religión oficial del Estado, pero permitía otros cultos exclusivamente en el ámbito privado. El catolicismo gozaba de prerrogativas en el campo de la enseñanza y la moral social.

Respecto al proyecto electoral y el sufragio, la Constitución de 1876 no era muy clara. Si bien el sistema electoral fue a veces de carácter censitario, el sufragio universal no se restablecería hasta 1890 con el Gobierno del Partido Liberal.

6.3. Oposiciones al Sistema de la Restauración: Carlismo y Republicanismo

El Carlismo

Entre 1872 y 1876 se desarrolló la Tercera Guerra Carlista. Durante estos años, el carlismo experimentó un rearme militar e ideológico. Dentro de este movimiento, convivieron dos corrientes principales: una más abierta, representada por el general Cabrera, y otra más ortodoxa, liderada por Carlos VII y Cándido Nocedal. La guerra se desarrolló principalmente en el País Vasco, Navarra, parte de Aragón y la Comunidad Valenciana. Incluso se llegó a crear un Estado alternativo en el norte, con centro en Estella. Finalmente, en 1876, los carlistas fueron derrotados.

En febrero de 1876, el pretendiente Carlos VII abandonó el país con sus seguidores derrotados y exiliados. Esta derrota marcó el fin de una etapa en la historia de este movimiento: la de la confrontación armada con el poder establecido. A partir de entonces, se abrió la vía política, en la que se produjo una nueva definición ideológica, con un destacado papel del sector del catolicismo intransigente.

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