Corrientes del Realismo en la Literatura Española de Posguerra
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Realismo Social
Los escritores del realismo social de los 50 tienen una finalidad clara, formulada a veces expresamente en manifiestos: su voluntad de intervenir en la realidad social española, que juzgan injusta, y solidarizarse con los humildes, los oprimidos. Escriben sobre su propio tiempo con propósito documental. Para ello adoptan dos puntos de vista distintos:
El Objetivismo
El autor aparece como testigo de los hechos que plantea, pero sin intervención alguna por su parte y sin emitir juicios sobre los mismos.
El Realismo Crítico
Centra su atención prioritaria en la denuncia de las desigualdades e injusticias sociales contra las que el autor toma partido dialécticamente.
Su voluntad de acercarse al pueblo repercute en su concepción del arte y el estilo. Para los autores del realismo social, el contenido de la obra es prioritario sobre el virtuosismo estilístico que pudiera alejarle de su público. Así, la narración acostumbra a ser lineal, con una estructura sin complicaciones para el lector, aunque tal vez sí, por su propia sencillez, para el autor. Se evitan las complicaciones psicológicas de los personajes. Se potencia la manifestación directa de los mismos mediante el diálogo fiel al lenguaje coloquial. En general, el lenguaje es directo y se atiene al estilo de la crónica, sin que la personalidad del autor interfiera en ningún momento.
Aunque la intención es loable, lo cierto es que se produce un empobrecimiento de la calidad literaria. La evidencia de este deterioro, junto a la conciencia de las limitaciones del escritor como reformador de la sociedad, obligaron a estos autores a replantearse su labor y así, a partir de los años 60, se aprecia una inquietud por la investigación y experimentación de nuevas formas de expresión literaria.
Ejemplos de Novelas del Realismo Social:
- La colmena; El Jarama (Realismo Objetivista)
- Central Eléctrica; La Resaca (Realismo Crítico)
Hay novelas sobre: abulia, el campo, obreros, suburbios, perseguidos, temas desmitificadores y libros de viajes.
Realismo Existencial
La capacidad de supervivencia, tras la guerra, se puso a prueba en un medio hostil. La narrativa de este momento es una consecuencia directa. Los autores de esta corriente nos presentan a seres víctimas de circunstancias degradantes en las que la condición humana se ve sometida a presiones insoportables. Incluso en la menos desgarrada de ellas, Nada de Carmen Laforet, con el que consiguió el Premio Nadal, se nos narra con un estilo sencillo, que le acerca a las novelas de los años 50. El ambiente de degradación moral y psíquica en el que se ve envuelta una muchacha que llega a Barcelona para estudiar. En este caso, la protagonista puede oponer a las circunstancias su mediana formación intelectual, el trato de otros ambientes, pero aun así debe ser rescatada, salvada desde el exterior. Por lo general, los protagonistas de estas novelas son de otro estilo: seres de carácter primario, psicópatas, de bajos instintos, en los límites de la animalidad. El autor extrae sus temas de las crónicas de sucesos y el mundo del hampa, de ambientes prostibularios.
Ejemplos de Novelas del Realismo Existencial:
- Checas de Madrid
- Nosotros, los muertos
- La familia de Pascual Duarte
Pascual, como los antihéroes de la novela picaresca, relata su propia vida mientras espera ser ajusticiado por sus crímenes. Su confesión muestra el sino trágico de su vida, marcada por la degradación moral y biológica, por la psicopatía, la violencia y miseria ambientales, causas, en último término, de su frustrada existencia.
La novela existencial es la expresión amarga de la vida cotidiana, pero sus temas son universales por cuanto genéricamente humanos: la muerte, la sociedad, la angustia, la frustración, la inadaptación, la marginación social que afectan al individuo en cuanto tal.
Realismo Tradicional
Junto al realismo, de tonos tremendistas, que representa el despertar del compromiso del escritor con los hombres y con su tiempo y que marca el camino a seguir a los autores venideros, coexiste también una novelística caracterizada por el realismo, pero anclada en la tradición narrativa del siglo XIX. Son novelas interesantes y, en ocasiones, de una gran calidad artística, pero no dan el carácter de la época.