La Crisis de 1672 y el Declive de las Provincias Unidas: Historia y Consecuencias

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La crisis de 1672 y la relativa decadencia de las Provincias Unidas

La invasión de las Provincias Unidas en abril de 1672 por Francia inició la crisis más grave de la historia de la república. Juan de Witt permitió que los Estados Generales nombraran a Guillermo III capitán y almirante general durante la campaña que iba a comenzar. Mientras que concedió toda su atención a la flota, con ayuda de su hermano Cornelis, descuidó el ejército, en parte por un sentimiento antiorangista.

El ascenso de Guillermo de Orange

El paso del Rin por los franceses y la toma de Utrecht provocaron una alarma nacional, por lo que los Estados de Zelanda nombraron estatúder a Guillermo de Orange. Finalmente, los Estados Generales aceptaron el restablecimiento del estatuderato y, a pesar del Acta de Armonía (que impedía la acumulación de cargos en un mismo individuo), nombraron a Guillermo Capitán General y Almirante Vitalicio.

  • Defensa estratégica: Guillermo abrió los diques e inundó Holanda, salvando Ámsterdam y frenando el peligro francés momentáneamente.
  • Consecuencias políticas: Juan y Cornelis de Witt, considerados responsables de la falta de previsión ante la invasión, fueron asesinados en La Haya.

Consolidación del poder orangista

El triunfo de los orangistas fue completo. Guillermo recibió el derecho a escoger a los miembros de los consejos ciudadanos y a todos los oficiales hasta el grado de coronel. Al apoyarse en el Gran Pensionario Gaspar Fagel, acabó con la oposición republicana y los motines, dedicándose a restablecer la situación exterior.

Las ambiciones y provocaciones de Luis XIV fueron percibidas por Guillermo como una amenaza para la paz de Europa y la religión protestante, por lo que preparó una nueva coalición. En octubre de 1688, los Estados Generales, inquietos por la política de Jacobo II, aceptaron ayudar a Guillermo a pasar a Inglaterra.

La subordinación ante Inglaterra

El prestigio del estatúder era considerable, lo que aprovechó para aumentar sus poderes a pesar de la oposición republicana. Guillermo, ayudado por Antonio Heinsius, logró convencer a los Estados Generales para ponerse al frente de la Gran Alianza de la Haya. A pesar de las reticencias de las ciudades holandesas sobre la unión con Inglaterra y sus consecuencias comerciales, Guillermo impuso su figura mediante un culto a su persona y la represión de los disidentes.

El fin de una era

Tras su muerte sin hijos, las provincias intentaron dejar vacante el puesto de estatúder, iniciando una segunda etapa sin esta figura hasta 1747. La Guerra de Sucesión Española terminó por agotar económicamente a las Provincias Unidas. Aunque mantuvieron su posición internacional, los esfuerzos militares y financieros fueron desproporcionados para su capacidad.

Finalmente, la política exterior de la República se volvió cada vez más dependiente de la Gran Bretaña. Socavadas interiormente y agotadas financieramente, las Provincias Unidas quedaron subordinadas políticamente a Inglaterra y superadas económicamente. Aunque conservaron las ricas Indias neerlandesas y una flota activa, cedieron el liderazgo europeo a Inglaterra, cuyo desarrollo había sido financiado con capitales holandeses. El milagro holandés reside en que, durante casi un siglo, estas condiciones desfavorables no impidieron a la república asumir el papel de gran potencia mundial.

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