Crisis del 29, New Deal de Roosevelt y la NEP en la Unión Soviética
El New Deal de Roosevelt y las Teorías Keynesianas
En 1933, Franklin D. Roosevelt implementó el New Deal con el objetivo de superar la crisis económica de la Gran Depresión y paliar sus graves efectos sociales. Este programa abogaba abiertamente por la intervención pública del Estado en la economía para salir de la recesión.
Líneas de Actuación del New Deal
- WPA (Works Progress Administration): creada para fomentar la obra pública, generar empleo directo y estimular la demanda interna.
- Tennessee Valley Authority (TVA): organismo estatal que impulsó la construcción de presas e infraestructuras en las regiones más deprimidas del país.
- NRA (National Recovery Administration): promovió acuerdos de precios y condiciones entre empresas para evitar la competencia desleal y las quiebras masivas.
- AAA (Agricultural Adjustment Act): orientada a reducir los excedentes de la producción agraria para propiciar la recuperación de los precios.
- Ayudas hipotecarias: medidas de alivio financiero para el pago de préstamos y una estricta regulación del mercado hipotecario.
- Nueva legislación de relaciones laborales: consagró la libertad de sindicación y el derecho a la negociación colectiva salarial; asimismo, fijó el salario mínimo y una jornada máxima semanal de trabajo.
- Seguridad Social: creación del seguro de desempleo y concesión de subsidios para ancianos y personas en situación de dependencia.
- Regulación bancaria y bursátil: para erradicar las crisis especulativas, se fijó un rígido control estatal sobre la banca, un seguro federal de depósitos (FDIC) que garantizaba los ahorros en caso de insolvencia y la fundación de una Comisión de Valores y Cambio (SEC) encargada de supervisar el correcto funcionamiento de la bolsa. Además, se devaluó el dólar en más del 40 % para favorecer las exportaciones.
Resultados y Debate Económico
Estas medidas encontraron una férrea oposición entre los republicanos en el Congreso y diversos sectores empresariales, quienes tildaban la política de «intervencionista». Aunque se debate la repercusión exacta del New Deal, este devolvió la estabilidad económica, si bien la reactivación plena y el crecimiento sostenido no llegaron hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa, conflicto que dinamizó la industria armamentística y convirtió a Estados Unidos en el principal proveedor de los países aliados.
Desde el punto de vista teórico, mientras que para algunos economistas liberales estas medidas representaban el ocaso del sistema capitalista o sostenían que el mercado debía autorregularse de forma autónoma sin intromisión estatal, para John Maynard Keynes la causa estructural radicaba en el colapso de la demanda y la retracción de la inversión. La solución keynesiana se sustentaba en tres pilares:
- Inversión pública del Estado: asumir déficits presupuestarios temporales mediante gasto público que se transforme en salarios y adquisición de bienes, inyectando nueva demanda en los sectores productivos y elevando el empleo. A medio plazo, la subida de rentas permite aumentar la recaudación fiscal, amortizando dicho déficit inicial.
- Reactivación del consumo: incentivar la demanda salarial mediante la mejora de las retribuciones y la reducción de la presión fiscal para disponer de mayor renta disponible para el consumo.
- Fomento de la inversión privada: penalizar fiscalmente el atesoramiento oprobioso del ahorro y abaratar los tipos de interés para agilizar el crédito a las industrias.
Para Keynes, el rol de los empresarios capitalistas radicaba en invertir, el de los trabajadores en consumir y el del Estado en regular y dinamizar la economía. Rebatió los principios económicos clásicos señalando que el déficit público no constituía un lastre intrínseco, sino la herramienta indispensable para salir de las depresiones (un modelo acogido ampliamente, con excepciones particulares como el caso de las políticas previas de los países escandinavos).
La Prosperidad de los Años Veinte y el Crack Bursátil de 1929
Durante la década de 1920, la economía estadounidense experimentó una formidable expansión internacional impulsada por las exportaciones masivas, la colocación de inversiones foráneas y la concesión de créditos. El vertiginoso auge del consumo interno dio lugar a la célebre etapa de los «felices años veinte», apoyada en la mejora técnica, la reducción de costes productivos y la introducción de nuevos bienes de consumo.
La Sociedad de Consumo y sus Desequilibrios
Se consolidó la revolución del consumo de masas: los hogares accedían a electrodomésticos y automóviles mediante créditos al consumo y fórmulas de pago aplazado. La industria automotriz actuó como potente motor de arrastre para sectores complementarios como la siderurgia, la industria eléctrica y la vidriera. Al unísono, el sector de la construcción impulsó el empleo y modeló los horizontes urbanos con rascacielos en metrópolis como Nueva York y Chicago, experimentándose un fuerte crecimiento demográfico en los distritos obreros. Entre 1922 y 1929, el PIB estadounidense creció a una media próxima al 5 % anual, proyectando una ilusión de bonanza infinita.
No obstante, la riqueza no se distribuyó de manera equitativa:
- Los beneficios empresariales y dividendos accionistas aumentaron a un ritmo muy superior al de los salarios.
- Los sectores industriales tradicionales entraron en declive por la contracción de su demanda, forzando a masas de campesinos y obreros a emigrar a las grandes ciudades hacia empleos precarios.
- La capacidad adquisitiva real de la población terminó resultando insuficiente para absorber el torrente de bienes derivado de la producción en serie y del alza de la productividad (sobreproducción).
- El sector agrario, fuertemente endeudado tras la guerra al expandir cultivos para abastecer a Europa, sucumbió tras el cese de las hostilidades bélicas debido a la abrupta caída de la demanda exterior; multitud de agricultores perdieron sus tierras y cayeron en la ruina.
Burbuja Especulativa y Quiebra de Wall Street
Hacia mediados de la década, el exceso de oferta erosionó la rentabilidad de las empresas. Desde 1926, cuantiosas sumas de dinero se redirigieron hacia la especulación en el mercado bursátil. La euforia compradora desató una escalada en la cotización de los títulos que no guardaba proporción con el valor patrimonial real de las sociedades cotizadas. Numerosos inversores minoristas solicitaron créditos bancarios destinados exclusivamente a adquirir acciones, confiando en saldar sus pasivos vendiendo únicamente una fracción de sus plusvalías latentes.
El punto de inflexión aconteció a finales de octubre de 1929, cuando los operadores comprendieron que las cotizaciones habían tocado techo y liquidaron posiciones para consolidar beneficios. La desconfianza provocó una oleada de órdenes de venta masiva:
- Jueves Negro (24 de octubre de 1929): el pánico desbordó el parqué neoyorquino al ofrecerse cerca de 13 millones de títulos sin contrapartida compradora; en cuestión de horas el mercado perdió más de 10.000 millones de dólares de valoración.
- Martes Negro (29 de octubre de 1929): las entidades bancarias exigieron el reembolso inmediato de los préstamos pignoraticios, forzando la venta apresurada de carteras enteras entre deudores insolventes.
Esta espiral desató una depresión económica generalizada y una sangría de las cotizaciones que continuó desplomándose de manera ininterrumpida hasta 1932.
La NEP Soviética y el Ascenso del Totalitarismo Estalinista
Tras la Guerra Civil rusa y la implantación del severo comunismo de guerra, la economía soviética quedó devastada: el desabastecimiento en las urbes era generalizado, la Revolución perdía respaldo popular y estallaron revueltas campesinas y protestas armadas como la de los marineros de Kronstadt.
La Nueva Política Económica (NEP)
Frente a este escenario crítico, Vladimir Lenin planteó un golpe de timón económico para elevar los estándares de vida y frenar el descontento social. La NEP significó un repliegue estratégico respecto a las medidas más radicales de la etapa previa (desaparición de la propiedad privada, incautaciones y control estatal estricto sobre el campo y la industria). Se erigió un modelo de economía mixta en el cual sectores socializados y regulados por el Estado soviético coexistieron con la propiedad privada y mecanismos de libre mercado.
En el plano productivo, la NEP cumplió holgadamente sus objetivos: para el año 1926 se alcanzaron y superaron los niveles de producción previos a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, trajo consigo nuevas contradicciones socioeconómicas: el repunte de los precios acentuó el acaparamiento y el desabastecimiento urbano; simultáneamente, la obtención de ganancias privadas agudizó las diferencias de clase, propiciando el enriquecimiento de comerciantes e industriales particulares (nepmen) y de campesinos acomodados (kulaks).
La Lucha Sucesoria tras la Muerte de Lenin
El deceso de Lenin en 1924 desencadenó una enconada disputa interna (1924-1928) entre las principales figuras del Partido Bolchevique, estructurada en torno a tres ejes fundamentales: la jefatura de la organización, el control del aparato estatal y la orientación ideológica de la Revolución. El debate se polarizó esencialmente en dos posturas antagónicas:
- Lev Trotski: principal organizador del Ejército Rojo y destacada figura revolucionaria. Defendía el abandono definitivo de la NEP, la colectivización inmediata del agro, la propagación internacional de la revolución obrera (la revolución permanente) y la democratización del debate interno dentro del partido.
- Iósif Stalin: Secretario General del PCUS, apoyado coyunturalmente por dirigentes como Kámenev, Zinóviev o Bujarin. Proponía preservar transitoriamente la economía mixta, focalizar los recursos en afianzar el comunismo en territorio soviético (la doctrina del socialismo en un solo país) y blindar la toma de decisiones en la cúpula partidaria, clausurando cualquier disidencia.
Consolidación del Régimen de Stalin
Hacia 1927, la pugna interna se recrudeció. Valiéndose de los resortes de la secretaría del partido y de su red burocrática, Stalin marginó a sus adversarios políticos: encarceló a disidentes y expulsó a Trotski, quien terminaría exiliado en México.
Con el control total del poder, Stalin clausuró de manera fulminante la NEP e impuso una economía plenamente centralizada y planificada por el Estado a través de los Planes Quinquenales, forzando la colectivización de la tierra y estimulando la industria pesada. Toda oposición interna fue perseguida con métodos implacables; antiguos dirigentes y colaboradores fueron purgados, deportados a campos de concentración o ejecutados, configurando un Estado totalitario apoyado en el poder autocrático de Stalin y la omnipresencia del PCUS.