Crisis del Antiguo Régimen y Revolución Liberal en la España del Siglo XIX

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Crisis de la Monarquía y la Guerra de Independencia

A finales del siglo XVIII, España atravesaba una profunda crisis política y económica. Mientras en Europa se difundían las ideas de la Ilustración y del liberalismo, en España el Antiguo Régimen seguía dominando la vida política. El rey Carlos IV gobernaba con la gran influencia de su valido Manuel Godoy. La Revolución Francesa de 1789 provocó miedo entre las monarquías europeas, ya que demostraba que el poder absoluto podía ser destruido. España primero luchó contra Francia, pero después, tras ser derrotada, acabó aliándose con Napoleón contra Inglaterra.

La alianza con Francia tuvo consecuencias muy negativas. El momento decisivo llegó con el Tratado de Fontainebleau de 1807, que permitía a las tropas francesas atravesar España para invadir Portugal, aliado de Inglaterra. Sin embargo, Napoleón aprovechó la situación para ocupar ciudades españolas y aumentar su control sobre el país. Esto provocó un enorme malestar entre la población y también entre la nobleza. En marzo de 1808 se produjo el Motín de Aranjuez, una revuelta popular y nobiliaria contra Godoy. Como consecuencia, Carlos IV abdicó en favor de su hijo Fernando VII.

La Ocupación Francesa y el Levantamiento Popular

Napoleón reunió a ambos en Bayona y consiguió que renunciaran al trono español en las denominadas Abdicaciones de Bayona. Después nombró rey a su hermano José I Bonaparte, que intentó implantar algunas reformas ilustradas mediante el Estatuto de Bayona. Algunos españoles, conocidos como afrancesados, apoyaron estas reformas porque pensaban que podían modernizar España.

La población española reaccionó contra la ocupación francesa. El 2 de mayo de 1808 comenzó en Madrid un levantamiento popular que marcó el inicio de la Guerra de Independencia. La represión francesa fue muy dura, pero el conflicto se extendió rápidamente por toda España. Surgieron juntas locales y provinciales que organizaron la resistencia y pidieron ayuda a Inglaterra.

Etapas y Consecuencias de la Guerra

La guerra tuvo varias etapas fundamentales:

  • Éxitos iniciales: Los españoles lograron importantes victorias, como la Batalla de Bailén en 1808, considerada la primera gran derrota del ejército napoleónico en campo abierto.
  • Hegemonía francesa: Más tarde, Napoleón intervino personalmente y recuperó Madrid. Sin embargo, la resistencia española continuó gracias a las guerrillas, pequeños grupos armados que atacaban por sorpresa a los franceses y dificultaban su control del territorio.
  • Ofensiva final: A partir de 1812, las tropas inglesas dirigidas por Wellington, junto con los españoles y portugueses, lograron derrotar definitivamente a los franceses.

En 1813, Napoleón retiró sus tropas y Fernando VII volvió al trono tras el Tratado de Valençay. La guerra tuvo consecuencias muy graves: murieron cientos de miles de personas y la economía quedó destruida. Además, el conflicto dejó sembradas las ideas liberales y el deseo de modernizar el país. La experiencia de la resistencia popular y las reformas de Cádiz marcaron el inicio de la España contemporánea.

Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

Durante la Guerra de Independencia no solo se luchó contra la ocupación francesa, sino que también se produjo una profunda transformación política. Ante la ausencia del rey Fernando VII, surgieron juntas locales y provinciales que asumieron el poder y organizaron la resistencia. Más tarde se creó la Junta Central Suprema, presidida por Floridablanca, que terminó refugiándose en Cádiz, una de las pocas ciudades no ocupadas por los franceses.

La Composición de las Cortes

En Cádiz surgió la idea de convocar unas Cortes que representaran a la nación española y elaboraran una constitución. Las Cortes se reunieron en 1810 en la Isla de León y posteriormente en Cádiz. La mayoría de los diputados pertenecían al estado llano, especialmente abogados, militares, funcionarios y miembros del clero. En las Cortes destacaron tres grupos ideológicos:

  1. Los liberales: Defendían la soberanía nacional y profundas reformas políticas y económicas.
  2. Los jovellanistas: Buscaban una posición intermedia entre tradición y modernización.
  3. Los absolutistas: Querían mantener la monarquía absoluta y el poder tradicional del rey.

La Constitución de "La Pepa"

La obra principal de las Cortes fue la Constitución de 1812, conocida popularmente como “La Pepa”. Fue aprobada el 19 de marzo de 1812 y se convirtió en la primera constitución española. Establecía principios fundamentales del liberalismo:

  • Soberanía nacional: El poder reside en la nación.
  • División de poderes: El legislativo correspondía a las Cortes, el ejecutivo al rey y el judicial a los tribunales.
  • Sufragio universal masculino indirecto.
  • Derechos individuales: Igualdad ante la ley y libertad de imprenta.
  • Confesionalidad católica: Se mantenía la religión católica como única oficial.

Junto a la Constitución, las Cortes aprobaron importantes reformas como la abolición de los señoríos jurisdiccionales y la eliminación de privilegios feudales. Sin embargo, cuando Fernando VII regresó a España en 1814, anuló la Constitución y restauró el absolutismo. A pesar de ello, “La Pepa” se convirtió en un símbolo del liberalismo español e inspiración para futuras constituciones en España y América.

El Reinado de Fernando VII: Absolutismo frente a Liberalismo

El reinado de Fernando VII estuvo marcado por el conflicto permanente entre absolutistas y liberales. Tras su regreso, los sectores absolutistas le entregaron el Manifiesto de los Persas, un documento que pedía restaurar el Antiguo Régimen. El rey aceptó y comenzó así el Sexenio Absolutista (1814-1820), caracterizado por la persecución de liberales y afrancesados.

El Trienio Liberal y la Década Ominosa

En 1820 triunfó el levantamiento del teniente coronel Rafael del Riego en Las Cabezas de San Juan. Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución y comenzó el Trienio Liberal (1820-1823). Durante esta etapa se intentó acabar con el sistema feudal, pero la división entre liberales moderados y exaltados, junto con la oposición del rey, obstaculizó las reformas.

En 1823, las potencias absolutistas europeas (la Santa Alianza) intervinieron con el ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luis, devolviendo el poder absoluto a Fernando VII. Comenzó entonces la Década Ominosa (1823-1833), una etapa de fuerte represión política y crisis financiera agravada por la pérdida de las colonias americanas.

El Problema Sucesorio y el Carlismo

En los últimos años del reinado apareció el problema sucesorio. Fernando VII aprobó la Pragmática Sanción para permitir que su hija Isabel heredara el trono. Los partidarios de Carlos María Isidro, hermano del rey, rechazaron esta decisión. Así surgieron los carlistas (defensores del absolutismo) frente a los isabelinos (partidarios del liberalismo). Cuando Fernando VII murió en 1833, comenzó la Primera Guerra Carlista, un conflicto que marcaría la política española durante gran parte del siglo XIX.

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