Crisis Económica de los 70 y 80: Auge del Monetarismo y Neoliberalismo
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La Crisis Económica de los 70 y 80: Monetarismo y Neoliberalismo
Las Políticas de Oferta
Entre 1945 y 1973, el mundo vivió casi tres décadas de milagro económico. El caso más extremo lo protagonizó Alemania, pues tras la Segunda Guerra Mundial, el 20% de todo su parque de viviendas estaba destruido y la producción industrial de 1947 fue la tercera parte de la producción alcanzada en 1938. Sin embargo, en sólo tres años, la economía ya estaba creciendo con fuerza, hasta tal punto que la tasa media de crecimiento del PIB en los años 50 escaló hasta el 8% anual y aún mantuvo un elevado nivel en la década siguiente, aunque no fue tan espectacular.
La situación, sin embargo, iba a cambiar en la década de los años 70 del siglo XX, conocidos como los años de los choques petrolíferos.
Los Choques Petrolíferos y sus Consecuencias
En 1973, como resultado del apoyo occidental a Israel en la guerra que este último país mantuvo contra Siria y Egipto (la guerra del Yom Kipur), los países árabes lograron, con una reducción de la oferta, multiplicar el precio del barril de petróleo por 3 (de 4 dólares a 12 dólares/barril aproximadamente). En 1979, el precio volvió a multiplicarse por 3, hasta los 34 dólares, esta vez con motivo del ascenso al poder de los ayatolás en Irán.
Puede que ello fuera motivo de causas políticas, pero había causas económicas subyacentes. Y las causas económicas subyacentes no eran otras que el mismo crecimiento extraordinario de las décadas anteriores. Gran parte del mundo había crecido mucho en muy poco tiempo y ello puso en marcha una serie de derivas insostenibles:
- Excesiva demanda de materias primas: el sector extractivo y primario en general no pudo crecer a la misma velocidad que el sector industrial.
- Altas tasas de ocupación, años dorados del sindicalismo y de las demandas laborales.
- Estado del Bienestar como anestesia de la iniciativa. Empresas nacionalizadas y monopolios estatales como fuente profunda de ineficiencia, es decir, una lógica en la que los individuos se habían olvidado de los sacrificios y se creían merecedores de derechos irrenunciables.
La consecuencia fue un aumento generalizado de todos los costes: desde los impuestos excesivos de una administración sobredimensionada e ineficiente, del factor trabajo, para el que las bajas tasas de desempleo y los logros del movimiento sindical habían convertido en inflexible a la baja, hasta las materias primas, tanto por el poder de mercado de los países del tercer mundo como de la oferta.