Crisis y Polarización: El Bienio Negro y el Triunfo del Frente Popular en la Segunda República
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El Bienio Radical-Cedista o Bienio Negro (1933-1936)
Este periodo se inició tras las elecciones de 1933, en las que la derecha obtuvo la mayoría de votos. El gobierno fue presidido por el Partido Republicano Radical (PRR) de Alejandro Lerroux, con el apoyo fundamental de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), liderada por José María Gil Robles.
La coalición de gobierno, formada por partidos tradicionales monárquicos y la nueva derecha republicana, estableció tres objetivos principales:
- Revisar la Constitución en materia laica y socializante.
- Supresión de la reforma agraria.
- Amnistía para los delitos políticos.
La CEDA, que surgió de la fusión de partidos de centro y derecha, fue la fuerza dominante. La alianza entre los radicales y los cedistas llevó a una involución política, un periodo conocido históricamente como el Bienio Negro.
Las Contrarreformas del Bienio Negro
La principal función del gobierno fue deshacer las reformas implementadas durante el Bienio Reformista (1931-1933) de Manuel Azaña:
- Reforma Militar: Se otorgó mayor poder al Ejército, con figuras clave como Francisco Franco y Emilio Mola. Se aprobó la Ley de Amnistía.
- Reforma Agraria: Se paralizó la Ley de Reforma Agraria de 1932, devolviendo tierras a la aristocracia y revirtiendo las expropiaciones.
- Cuestión Autonómica: Se suprimieron o limitaron las autonomías, especialmente la de Cataluña, lo que generó una agitación social masiva.
- Política Religiosa: Se retrocedió en la legislación laica, buscando el apoyo de la Iglesia y negociando un concordato con la Santa Sede.
- Reforma Constitucional: Se intentó una reforma total de la Constitución, pero no llegó a concretarse.
La Revolución de Octubre de 1934
La entrada de la CEDA en el gobierno en octubre de 1934 fue vista por la izquierda como una amenaza fascista, lo que provocó conflictos. La izquierda (PSOE y UGT) se radicalizó. La máxima figura, Largo Caballero, abogaba por la revuelta, mientras que Indalecio Prieto prefería la coalición.
La CNT también se sumó a las revueltas, con focos de insurrección en lugares como Zaragoza. En octubre de 1934, se declaró una huelga general en todo el país. Los principales puntos de insurrección fueron *Asturias* (donde la huelga minera fue duramente reprimida por el ejército) y Cataluña. La represión de la revuelta minera fue un detonante clave en la polarización que conduciría a la Guerra Civil.
En 1935, la izquierda se unió en la coalición conocida como el Frente Popular. La CEDA entró en crisis debido a la paralización del Estatuto catalán y la controversia sobre la reforma agraria. Ante la inestabilidad, el presidente Niceto Alcalá Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones para febrero de 1936.
El Frente Popular (Febrero a Julio de 1936)
El Frente Popular ganó las elecciones de febrero de 1936. El nuevo gobierno, liderado por republicanos de izquierda, decretó una amnistía general para los presos políticos y restableció la Constitución.
La derecha, desunida, vio cómo crecía la influencia de la *Falange Española*, dirigida por José Antonio Primo de Rivera. Las Cortes destituyeron a Niceto Alcalá Zamora. Manuel Azaña fue elegido nuevo Presidente de la República, designando a Santiago Casares Quiroga como Jefe de Gobierno.
La tensión social aumentó drásticamente, con huelgas convocadas por la CNT y una ola de atentados. José Calvo Sotelo, líder del Bloque Nacional (derecha monárquica), fue asesinado. Este asesinato aceleró los planes de la conspiración militar, que ya se gestaba en la Unión Militar Española (UME) y otros grupos monárquicos y tradicionalistas.
Viendo que el triunfo del Frente Popular y el desorden social no gustaban a los sectores conservadores, el 17 y 18 de julio de 1936 se produjo un golpe militar liderado por los generales Emilio Mola y José Sanjurjo, al que se unió Francisco Franco, dando inicio a la Guerra Civil Española.