Cristianismo y Filosofía: Fe, Razón y Conocimiento en el Pensamiento Medieval
El cristianismo y la filosofía: La relación de los primeros pensadores cristianos con la filosofía fue compleja, ya que algunos la tomaban como enemiga de la fe, mientras que otros veían en ella una herramienta para defender con la razón sus creencias.
Dentro de la filosofía, el tema de Dios fue tratado como inteligencia ordenadora o causa final, lo cual no correspondía al Dios cristiano, preocupado por los asuntos humanos, creador y omnipotente. Estas características dieron lugar a la noción de culpa, pecado y redención dentro de la concepción lineal del tiempo.
El origen de la verdad nace para los cristianos del mismo Dios, mientras que los griegos tienden a racionalizarla.
A pesar de estas dificultades, encontraron en el platonismo y en el neoplatonismo ciertas semejanzas, como el dualismo ontológico, relacionado a partir de la imitación o participación, y la idea del Bien como fuente de toda realidad. Tomaron referencias del estoicismo, rechazaron el epicureísmo y parte del aristotelismo, respectivamente.
Razón y fe: No existe una distinción clara entre razón y fe a lo largo de su pensamiento. Existe una sola verdad, la revelada por la religión, y la razón solo puede contribuir a entenderla mejor (creo para comprender), aunque la razón puede aportar una ayuda subsidiaria, ya que aclara las nociones de la fe. Esto supone hasta Santo Tomás una clara dependencia de la filosofía con respecto a la teología.
Teoría del conocimiento: Antes del desarrollo del escepticismo, que niega la posibilidad de llegar a ninguna certeza, se replica que no se puede negar la propia existencia, pues para que se pueda alcanzar algún conocimiento determinado, "si fallo, soy". La existencia del hombre se triple, ya que existe, vive y entiende. En el conocimiento que tiene la mente de su propia existencia, en el interior de cada individuo, se encuentra el fundamento de toda certeza.
De esta forma, no se puede dudar de los principios del entendimiento, como el de no contradicción o el de la certeza de las verdades matemáticas. Del mismo modo, no se puede dudar de la realidad exterior al sujeto. La verdad en sí misma se encuentra en las ideas, que no pueden provenir de la experiencia de lo mutable.
Se distinguen dos tipos de conocimiento: el conocimiento sensible y el conocimiento racional, que puede ser superior o inferior.
- Conocimiento sensible: solo aporta opinión dudosa, ya que los sentidos y los objetos se refieren a realidades mutables.
- Conocimiento racional inferior: contempla verdades universales, tales como las matemáticas y la lógica.
- Conocimiento racional superior: produce el verdadero conocimiento filosófico, la sabiduría, que permite el acceso a las ideas en sentido platónico.
Estas ideas se encuentran en la mente divina, y solo se puede llegar a ellas una vez que el hombre se ha alejado de lo sensible, a través de una especial iluminación que Dios concede al alma para contemplar el mundo de las ideas que están en la mente divina, planteando obvios problemas teológicos.
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