Crítica de Hume a la Causalidad y al Yo
La filosofía de Hume representa la mayor crítica empirista a los conceptos metafísicos que sustentaban la filosofía racionalista: sustancia y causalidad. La relación causa-efecto es una idea que no podríamos formar sin la observación y el conjunto de nuestras experiencias. Pero aunque consideremos que existen los objetos externos y sus acciones sobre nuestro pensamiento, nunca podremos afirmar que encontramos una conexión necesaria en la experiencia. Lo único que la experiencia puede afirmar sobre dos percepciones es que una sigue a la otra, pero no que la seguirá en el futuro. El principio de causalidad es una conjetura formada por la costumbre y no una conexión real entre cosas.
Tesis de Hume sobre la Causalidad
Las tesis básicas que mantiene Hume en su crítica a la noción de causalidad tal como la utilizaba la filosofía anterior son:
- La razón es incapaz de fundamentar nuestras creencias en las relaciones causales; estas creencias están fundamentadas únicamente en el hábito (disposición mental a la asociación de ideas, producto de nuestra experiencia reiterada).
- Si nos limitamos a aceptar, como verdadero, sólo aquello que captamos en la experiencia, no podremos decir que la conexión causal entre fenómenos sea una propiedad de las cosas.
- Las relaciones causales entre las cosas no pueden ser conocidas a priori (antes de la experiencia). Deberemos aguardar a que la relación causal se produzca para poder afirmar su existencia.
- El principio de causalidad (Todo lo que sucede tiene una causa) no es una evidencia inmediata, ni se puede demostrar.
- Y si la experiencia no muestra conexiones causales entre las cosas materiales, mucho menos lo hará entre Dios y las cosas.
Crítica a la Idea del Yo como Sustancia
La crítica a la realidad de la idea de sustancia es tan fuerte en el fenomenismo de Hume que abarca también la misma concepción del yo, como un soporte de las percepciones. Del mismo modo que elaboramos una idea de un objeto exterior, como un soporte de las cualidades que captamos en nuestras percepciones, elaboramos una idea de un soporte semejante para las actividades que producen las percepciones. Tal idea de conciencia o alma, tiene la misma realidad que cualquier otra idea de sustancia material. El Yo no es para Hume más que el conjunto de las percepciones (actos psíquicos) que se suceden con una rapidez increíble y están en perpetuo movimiento.
Conclusión
En conclusión, las ideas de causa y sustancia, tal y como son concebidas por los filósofos, no tienen sentido, aunque la tendencia a formarnos esas ideas existe en la naturaleza del ser humano, porque sin ellas la vida sería imposible.