Crónica de una muerte anunciada: El equilibrio entre realidad y ficción

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La dualidad entre periodismo y literatura en la obra de García Márquez

El argumento de esta obra parece tener una base real, y ocurrió en 1951, cuando Gabriel García Márquez trabajaba como periodista en Barranquilla y apenas había publicado novelas.

El significado del término "crónica"

No se puede pasar por alto la aparición en el título de la palabra "crónica", pues este término nos informa acerca de la condición mixta entre periodismo y literatura de la historia que se nos cuenta. Profundizamos a partir de ahora en ese aspecto.

La crónica de prensa se define como un estilo que se sitúa a medio camino entre:

  • La noticia
  • El artículo de opinión
  • El reportaje

Debe contener elementos de carácter noticioso y el cronista debe evitar la presentación de opiniones en exceso subjetivas, así como hipótesis demasiado aventuradas. El estilo debe ser ameno y el cronista tiene que explicar las expresiones empleadas por los intervinientes o entrevistados, reflejando el ambiente y encuadrándolo todo en su contexto.

La convergencia de géneros

Historia, periodismo y literatura se entremezclan, pues, en las distintas acepciones del término y a veces confluyen en él, hasta el punto de que no siempre es fácil delimitarlos. Pese a esta introducción, la "Crónica" de García Márquez no se ajusta, desde luego, a las exigencias de una crónica periodística, aunque de dichas normas hay clara constancia en la novela.

Hay, desde luego, una base real, pero la historia sale convertida en "otra historia" por la aportación imaginativa y la creatividad del escritor. De la crónica mantiene cierto aire de descripción periodística.

Las dos caras de la narración

En resumen, en la "Crónica" convergen dos caras distintas:

  • La narración de influencia behaviorista: Atenida al recuento puntual de hechos y conductas.
  • La fabulación narrativa: Que muta los sucesos por medio de hipérboles.

Al cronista de prensa le corresponden la precisión espacial y temporal, la base real del suceso y las entrevistas a los testigos. Al novelista le corresponden, sin embargo, las técnicas de estructuración de la novela (multiperspectivismo, planos temporales...) y, en definitiva, todo cambio que convierte la crónica en algo diferente de lo estrictamente sucedido.

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