Crónica de una muerte anunciada: perspectivismo y ficción en García Márquez

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Gabriel José de la Concordia García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927) fue novelista, cuentista, guionista y periodista. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura. García Márquez ha estado íntimamente relacionado con el realismo mágico, y su obra más conocida, la novela Crónica de una muerte anunciada, presenta elementos policiacos que, aunque efectivamente son insinuantes, no son del todo determinantes.

Cierto es que Crónica de una muerte anunciada se presenta al lector como una verdadera crónica periodística, que nos remite al mundo del periodismo: en ella se parte de un hecho real, se recoge la minuciosa cronología de los hechos y se desarrolla la narración. Sin embargo, no se trata de una crónica periodística solamente, sino que existe también una elaboración literaria muy cuidada. Por ello, podemos decir que el término crónica nos remite, fundamentalmente, al mundo del periodismo, pero no se ajusta del todo a lo periodístico.

Existe una base histórica: el hecho real de los sucesos, pero su tratamiento es fruto de la libre imaginación y la creatividad del autor (literatura).

El narrador

El narrador, que aún conserva la condición de personaje secundario y amigo del protagonista, adopta el papel de un periodista investigador que trata de reconstruir los hechos sirviéndose de distintos elementos de apoyo. Él ha asistido a la boda, pero de tal suceso solo tiene un recuerdo muy confuso de lo que califica como un domingo indescifrable.

Sus fuentes para completar la información son:

  • Documentación escrita: la primera de ellas es el sumario. Aparte del citado, nada hay al empezar la novela. Hablando de las coincidencias funestas, se dice que el juez instructor de Riohacha debió sentirlas, sin atreverse a admitirlas, pues su interés de dar a los sucesos una explicación racional era evidente en el sumario. Después se cita a la docena de voces más, casi siempre bajo la fórmula dijo o en el sumario declararon: nos dijo el milagro, no el santo.

Los hechos reales se modifican: los cambios en la onomástica con respecto a los protagonistas reales son notorios. La historia de amor que la imaginación del novelista ha transmutado y convertido en la historia de una pasión amorosa que lo volvió loco, según él mismo le dijo, es la de un amor loco de remate que cree en la exaltación de los amantes: un amor que vence la ofensa y el rezago, la soledad y el silencio, e incluso el paso del tiempo.

Técnicas de estructuración de la novela

La obra se parece muy poco a la crónica periodística. No se plantea narrar ordenadamente la historia, sino que esta se nos presenta como una especie de puzle, con constantes quiebros y rupturas, a base de avances y retrocesos, de recurrencias y superposiciones provocadas por la necesidad del narrador de enlazar su propia memoria con la ajena y contrastar esta a través de testigos.

En la última página lo vemos morir: después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las 6, y se derrumbó de bruces en la cocina. Probablemente, conseguir este efecto es lo que llevó al narrador García Márquez a alterar el orden de los capítulos 4.º y 5.º. Efectivamente, la evolución de lo narrado es zigzagueante y retrospectiva, pero la coincidencia del principio y del final son exactas: aquí estamos, parece decirnos el narrador, donde queríamos llegar.

Polifonía y voces narrativas

El mismo narrador, en su labor de cronista, recoge, tanto en estilo directo como indirecto, variadas perspectivas de testigos, protagonistas y personajes secundarios. Las voces de los testigos y protagonistas, trasladadas en estilo directo, son la única manifestación de la lengua oral, en un registro expresivo conversacional. Estas voces constituyen uno de los aspectos más interesantes de la obra y más novelescos. Las numerosas, variadas e importantes manifestaciones de un extenso número de testigos de los hechos relatados dan a la obra su perspectivismo característico.

Final folletinesco

García Márquez ha contado en repetidas ocasiones que la idea de transformar sus recuerdos del suceso real en novela le vino cuando se enteró de que los esposos seguían la misma noche de bodas viviendo juntos en Manaos. Este final convierte la historia trágica en una historia de amor con un final propio del folletín, lo que supone un nuevo rasgo de elaboración literaria.

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