Crónica de una muerte anunciada: El sentido de la honra en García Márquez

Enviado por ainhoa y clasificado en Lengua y literatura

Escrito el en español con un tamaño de 4,02 KB

El sentido de la honra en la obra de Gabriel García Márquez

El sentido de la honra (vida de Márquez) Su primera etapa está constituida por cuentos y novelas breves, en los que destaca «El coronel no tiene quien le escriba» (1961): un hombre viejo y enfermo espera la carta en la que se le comunica la concesión de la pensión a la que tiene derecho y se le restituya el honor.

La novela «Crónica de una muerte anunciada» relata la crónica de la venganza como cumplimiento de una obligación de honor.

La noche anterior al crimen se celebra la boda más fastuosa que recuerdan los habitantes del pueblo. Un forastero, Bayardo San Román, rico y apuesto, se casa con Ángela Vicario. En la misma noche de bodas, la devuelve a sus padres por haber descubierto que no era virgen. Cuando su familia le pregunta quién había sido, Ángela acusa a Santiago Nasar. Según el narrador, nadie en el pueblo creyó que hubiera sido él. Sin embargo, los hermanos Vicario lo matan para volver a poner a su hermana en posesión de la honra.

La pérdida de la honra como asunto social

La pérdida de la honra no es una cuestión meramente individual, sino que tiene alcance social: el conocimiento que los otros tienen de la «deshonra» es casi tan importante como la propia deshonra. Desde que la deshonra se publica y se conoce en el pueblo, los hermanos Vicario se sienten en la obligación de matar a Santiago. Así funciona el código de honor que rige en esa sociedad: la honra solo se restaura con la muerte. Es un precepto tradicional que se refleja en muchos textos literarios, desde el romancero tradicional y el teatro del Siglo de Oro hasta La casa de Bernarda Alba de Lorca.

Una muerte sin arrebato de pasión

De Pedro y Pablo Vicario puede decirse que mataron a Santiago Nasar sin tener un arrebato de pasión vengativa. En realidad hubieran preferido no matarlo. El narrador advierte que hicieron mucho más de lo que era imaginable, pues alguien los impidiera matarlo, y no lo consiguieron: divulgan sus intenciones, muestran los cuchillos, dicen a todo el mundo lo que piensan hacer. Lo mataron por cumplir con su obligación de reparar el honor de la familia. Así lo expresa Clotilde Armenta cuando le dice al alcalde que debería arrestar a los gemelos «para librar a sus pobres muchachos del compromiso tan horrible que les ha caído encima».

Pedro Vicario comenta después la satisfacción del hombre honrado: «Lo matamos con conciencia, porque somos inocentes». Y si se negaron a confesarse no fue por no cumplir con su religión, sino porque estaban convencidos de que «no tenían nada de que arrepentirse», ya que sabían que habían obrado conforme al código del honor imperante en su pueblo, un código que todo el mundo aceptaba, incluidas las mujeres.

La novia de Pablo Vicario le aseguró al narrador: «Yo sabía en qué andaban… y no solo estaba de acuerdo, sino que nunca me hubiera casado con él si no cumplía como hombre». Ya sabemos que Pablo Vicario cumplió como hombre y así pudo casarse con su novia.

Responsabilidad colectiva

Este código de honor está tan aceptado que el pueblo considera inevitable la muerte de Santiago a manos de los hermanos Vicario. Por eso hay en la gente una pasividad, una falta de decisión para impedir la tragedia. Existe, por tanto, una cierta responsabilidad colectiva en el desenlace del crimen. Así lo explica el narrador: «La mayoría de quienes pudieron hacer algo para impedir el crimen, y sin embargo no lo hicieron, se consolaron con el pretexto de que los asuntos de honor son estancos sagrados a los que solo tienen acceso los dueños del drama».

Conclusión

En definitiva, García Márquez plantea en esta novela una crítica al código de honor imperante en el pueblo de los Vicario, código que es el verdadero desencadenante de la tragedia a la que el lector ha asistido.