El Declive Republicano y el Triunfo Franquista: Fases Finales de la Guerra Civil Española
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El Declive Republicano y la Ofensiva Final (1937-1939)
Del Frente Norte a la Batalla del Ebro
A finales de marzo de 1937, se produjo el gran ataque sobre el País Vasco, que acababa de recibir el Estatuto de Autonomía. Aviones alemanes destruyeron el pueblo de Guernica, un trágico episodio que marcó otra victoria para el bando sublevado. En julio de 1937, la Iglesia Católica, a favor de los sublevados, consideró la guerra como una cruzada.
La República reaccionó con ofensivas como la de Brunete (Madrid), aunque toda la zona norte finalmente cayó en manos del Ejército Nacional, que obtuvo así el control de importantes centros mineros españoles. Tras esto, se produjo un segundo avance significativo hacia Madrid.
Las tropas franquistas continuaron su avance hacia la costa mediterránea con el objetivo de aislar a Cataluña del resto de la zona republicana, lo que llevó al ataque sobre Valencia. Los sublevados fueron momentáneamente detenidos por una importante ofensiva republicana en la Batalla del Ebro, un intento desesperado por frenar el avance de Franco hacia Cataluña. A pesar de los esfuerzos republicanos por contener a Franco en esta crucial batalla, la balanza se inclinó finalmente a favor de los sublevados, abriendo el camino para la posterior conquista de Cataluña.
Cambios Políticos en el Bando Republicano
El gobierno de José Giral, desbordado por la revolución interna en el bando republicano, dimitió. Francisco Largo Caballero formó un nuevo gobierno con el objetivo de recuperar la autoridad del Estado, aunque la profunda división entre anarquistas y comunistas impidió la consecución de este fin. Largo Caballero, ante la imposibilidad de gobernar, también dimitió.
Posteriormente, Juan Negrín presidió un nuevo gobierno con el firme objetivo de resistir hasta el final. Sin embargo, el presidente de la República, Manuel Azaña, era contrario a la política de resistencia a ultranza de Negrín, lo que generó tensiones internas.
De la Caída de Cataluña al Fin de la Guerra
En diciembre de 1938, el ejército franquista se dirigió decisivamente hacia Cataluña. Los republicanos, a pesar del apoyo armamentístico de la URSS (que priorizaba a los comunistas dentro del bando republicano), apenas pudieron resistir la embestida. Cataluña cayó, y el gobierno republicano se exilió. Manuel Azaña, ya en el exilio, dimitió de su cargo.
La población civil comenzó a exiliarse masivamente antes de que las fronteras se cerraran. Tras la caída de Cataluña, los republicanos quedaron divididos entre los partidarios de resistir y aquellos que abogaban por negociar la rendición.
En marzo de 1939, el coronel Segismundo Casado, al frente de un nuevo gobierno provisional, dio un golpe de Estado con la intención de negociar una rendición honrosa. Sin embargo, Franco no quiso negociar y exigió la rendición incondicional. Finalmente, el 1 de abril de 1939, Franco firmó el último parte de guerra, declarando el fin del conflicto. El gobierno de la República se exilió definitivamente, marcando el fin de la Guerra Civil Española.