El Desafío del Moreno a Martín Fierro: Cantos XXIX y XXX

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Canto XXIX: El Desafío

Entre tanta gente blanca
Llevó también a un moreno,
Presumido de cantor
Y que se tenía por bueno.
Y como quien no hace nada,
O se descuida de intento,
(Pues siempre es muy conocido
Todo aquel que busca pleito),
Se sentó con toda calma,
Echó mano al instrumento
Y ya le pegó un rasguido;
Era fantástico el negro,
Y para no dejar dudas
Medio se compuso el pecho.
Todo el mundo conoció
La intención de aquel moreno:
Era claro el desafío
Dirigido a Martín Fierro,
Hecho con toda arrogancia,
De un modo muy altanero.
Tomó Fierro la guitarra,
Pues siempre se halla dispuesto,
Y así cantaron los dos
En medio de un gran silencio.

Canto XXX: El Moreno

Yo no soy, señores míos,
sino un pobre guitarrero;
pero doy gracias al cielo
porque puedo en la ocasión
toparme con un cantor
que experimente a este negro.

Yo también tengo algo blanco,
pues tengo blancos los dientes;
sé vivir entre las gentes
sin que me tengan en menos:
quien anda en pagos ajenos
debe ser manso y prudente.

Estoy, pues, a su mandado;
empiece a echarme la sonda
si gusta que le responda,
aunque con lenguaje tosco;
en lecturas no conozco
la jota por ser redonda.

Martín Fierro

¡Ah negro!, si sos tan sabio,
no tengas ningún recelo;
pero has tragado el anzuelo,
y, al compás del instrumento,
has de decirme al momento
cuál es el canto del cielo.

(...)

El Moreno

Cuentan que de mi color
Dios hizo al hombre primero;
mas los blancos altaneros,
los mismos que lo convidan,
hasta de nombrarlo olvidan,
y sólo lo llaman negro.

Pinta el blanco negro al diablo,
y el negro blanco lo pinta.
Blanca la cara o retinta,
no habla en contra ni en favor:
de los hombres el Criador
no hizo dos clases distintas.

Y después de esta advertencia,
que al presente viene a pelo,
veré, señores, si puedo,
según mi escaso saber,
con claridad responder
cuál es el canto del cielo.

Los cielos lloran y cantan
hasta en el mayor silencio;
lloran al caer el rocío,
cantan al silbar los vientos,
lloran cuando caen las aguas,
cantan cuando brama el trueno.

Canto XXIX: El Desafío (Continuación)

Entre tanta gente blanca
Llevó también a un moreno,
Presumido de cantor
Y que se tenía por bueno.
Y como quien no hace nada,
O se descuida de intento,
(Pues siempre es muy conocido
Todo aquel que busca pleito),
Se sentó con toda calma,
Echó mano al instrumento
Y ya le pegó un rasguido;
Era fantástico el negro,
Y para no dejar dudas
Medio se compuso el pecho.
Todo el mundo conoció
La intención de aquel moreno:
Era claro el desafío
Dirigido a Martín Fierro,
Hecho con toda arrogancia,
De un modo muy altanero.
Tomó Fierro la guitarra,
Pues siempre se halla dispuesto,
Y así cantaron los dos
En medio de un gran silencio.

Canto XXX: El Moreno (Continuación)

Yo no soy, señores míos,
sino un pobre guitarrero;
pero doy gracias al cielo
porque puedo en la ocasión
toparme con un cantor
que experimente a este negro.

Yo también tengo algo blanco,
pues tengo blancos los dientes;
sé vivir entre las gentes
sin que me tengan en menos:
quien anda en pagos ajenos
debe ser manso y prudente.

Estoy, pues, a su mandado;
empiece a echarme la sonda
si gusta que le responda,
aunque con lenguaje tosco;
en lecturas no conozco
la jota por ser redonda.

Martín Fierro (Continuación)

¡Ah negro!, si sos tan sabio,
no tengas ningún recelo;
pero has tragado el anzuelo,
y, al compás del instrumento,
has de decirme al momento
cuál es el canto del cielo.

(...)

El Moreno (Continuación)

Cuentan que de mi color
Dios hizo al hombre primero;
mas los blancos altaneros,
los mismos que lo convidan,
hasta de nombrarlo olvidan,
y sólo lo llaman negro.

Pinta el blanco negro al diablo,
y el negro blanco lo pinta.
Blanca la cara o retinta,
no habla en contra ni en favor:
de los hombres el Criador
no hizo dos clases distintas.

Y después de esta advertencia,
que al presente viene a pelo,
veré, señores, si puedo,
según mi escaso saber,
con claridad responder
cuál es el canto del cielo.

Los cielos lloran y cantan
hasta en el mayor silencio;
lloran al caer el rocío,
cantan al silbar los vientos,
lloran cuando caen las aguas,
cantan cuando brama el trueno.