Desamortización y Sociedad de Clases en la España de Isabel II (1833-1868)
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El Reinado de Isabel II (1833-1868): Desamortizaciones y Transición a la Sociedad de Clases
La actividad económica más importante de la España del Antiguo Régimen era la agricultura. Era imprescindible la transformación de la actividad agraria a través del régimen de propiedad y la introducción de innovaciones técnicas. Herramienta fundamental para ello fueron las desamortizaciones de Mendizábal (1836-1837) y Madoz (1855).
Las Desamortizaciones de Mendizábal y Madoz
La desamortización de Mendizábal formaba parte de una serie de medidas financieras que tenían como fin terminar con la guerra carlista, con la creciente deuda del estado, y con el sistema legal y económico del Antiguo Régimen. Afectaba principalmente a las comunidades religiosas. Desamortizar consistía en nacionalizar sus bienes y venderlos. El pago se pudo hacer en títulos de deuda o en efectivo. Benefició principalmente a la nobleza y la alta burguesía, pudiendo disfrutar de ella tan sólo una pequeña parte del campesinado medio (pequeños propietarios) y quedando fuera de ella la mayor parte de los trabajadores del campo. Consolidó la estructura latifundista y no creó ninguna clase media en el ámbito rural, pero aumentó la superficie cultivada y mejoró la productividad. Era necesario que los capitales se destinaran a la industria pero eso no ocurrió.
En 1854 el ministro de Hacienda Pascual Madoz inició una nueva desamortización para resolver los problemas de Hacienda y financiar el ferrocarril. Afectó principalmente a las tierras comunales de los municipios. Tras esta desamortización Civil de Madoz los municipios perdieron el medio más importante para financiarse, lo que provocó un desastre social en todos los pueblos.
De la Sociedad Estamental a la Sociedad de Clases
El siglo XIX fue testigo del nacimiento de una nueva sociedad, carente de privilegios jurídicos, en la que, sin embargo, existían claras diferencias entre las clases que accedían a la propiedad y las que no podían hacerlo. Al mismo tiempo, se configuró una élite cohesionada, formada por antiguos y nuevos aristócratas, así como por burgueses enriquecidos. Durante el reinado de Isabel II continuó por tanto el ascenso de la burguesía. Junta a ella, la clase media pugnaba por convertirse en propietaria de inmuebles, mientras que los campesinos y trabajadores, mayoritariamente analfabetos, vivían y trabajaban en condiciones míseras.
La alta aristocracia perdió su posición relevante en la sociedad pero supo adaptarse. Fueron frecuentes los casos de familias nobiliarias casándose con élites burguesas. El modo de vida nobiliario fue el referente para la burguesía en ascenso.
La Burguesía y las Clases Trabajadoras
Entre la burguesía encontramos diferencias: una alta burguesía que habitaba en las ciudades y capitales de provincia; las burguesía regionales y locales de la periferia, más modestas, vinculados generalmente a actividades industriales y comerciales; y, un peldaño por debajo, los propietarios qué componía las clases medias acomodadas, en torno al 5% o 10% de la población.
El grupo social más numeroso eran los trabajadores del campo, que se distribuían en tres categorías: propietarios, arrendatarios y jornaleros; sus condiciones de vida empeoraron. En las ciudades, industrias y minas el número de trabajadores no dejaba de aumentar. Surgieron nuevos oficios que se unieron a los antiguos.
Condiciones de Vida y Movimiento Obrero
Los trabajadores compartían una situación bastante precaria y unos mismos motivos de malestar: la inseguridad, sin subsidios para desempleados ni sanidad pública; los bajos jornales, que hacían frecuente que tuviesen que trabajar mujeres y niños; las malas condiciones de trabajo, con horarios abusivos; los cambios en la forma de trabajar, que afectaban a los oficios tradicionales; el hábitat inadecuado, hacinados, carecían de agua corriente y de ciertas condiciones higiénicas, por lo que se propagaban enfermedades como la tuberculosis. La vida se desarrollaba fuera de las casas, sobre todo en tabernas y bares, y había una sensación de desarraigo.
Al principio, los trabajadores del campo y las ciudades manifestaron sus protestas y malestar mediante fórmulas tradicionales. Progresivamente comenzaron a utilizar nuevas formas de lucha dando forma a un incipiente movimiento obrero. En 1839 fueron autorizadas “las sociedades de socorros mutuos” y surgen las primeras huelgas organizadas. Los obreros se inclinarían por los demócratas y republicanos.